jueves, 16 de abril de 2009

TALL SHIPS ATLANTIC CHALLENGE 2009

Sail Training International y American Sail Training Association son dos organizaciones sin ánimo de lucro que utilizan el deporte de la vela para la educación y desarrollo de jóvenes de todo el mundo. Organizan distintas actividades y una de ellas es la regata Tall Ships Atlantic Challenge 2009.

Esta regata integrará a lo largo de tres meses y medio a grandes buques de vela a lo largo de 7.000 millas náuticas por el Atlántico Norte, poniendo a prueba a barcos y tripulaciones, y visitando siete puertos de cinco países. Su principal objetivo es el entendimiento y la amistad entre naciones, de hecho, el principal premio es el Trofeo de la Amistad que es otorgado gracias a los votos secretos de todos los participantes de la regata para elegir a la tripulación más amable y simpática.

Puede participar cualquier velero monocasco que cumpla con las normas de la Sail Training International. Y también puede participar cualquier persona que sea mayor de quince años con ánimo aventurero y ganas de vivir al modo de los viejos lobos de mar de otros tiempos. El propósito de este evento es posibilitar el que las personas experimenten el trabajo en equipo y el valor del liderazgo, así como descubrir las propias capacidades para salvar obstáculos físicos y emocionales en el duro días a día de un gran velero de cuya tripulación se forma parte. También se persigue la valoración del individuo por sí mismo y no por su origen social, su nivel cultural o su fe religiosa.

En cada uno de los puertos visitados están programados diversos eventos en honor de las tripulaciones visitantes, cruciales para el intercambio cultural. Los buques también podrán ser visitados, y estos podrán celebrar a bodo aquellas actividades que su espacio y economía les permitan, aunque también quienes lo deseen podrán reservar alguno de estos magníficos buques para celebrar eventos de sus empresas o algún tipo de actividad que previamente se contrate con la organización.

Esta regata estará cubierta por diversos medios de comunicación, de hecho, la organización ha dispuesto la apertura de centros de prensa en cada puerto de atraque con la función de prestar la infraestructura necesaria a los enviados especiales de los diferentes medios. Además la prensa contará con embarcaciones a su disposición para poder hacer un seguimiento in situ de los desfiles de veleros y las salidas de estos de los puertos. Por otro lado, la web oficial se irá actualizando diariamente.

Consta de seis etapas y los puertos que darán cabida a esta regata son:

Vigo, España (30 de abril al 2 de mayo): en el centro de la ría que lleva su nombre, en la escarpada costa gallega. Como puerto de salida, será el encargado de dar la bienvenida. La flota atracará en el Muelle trasatlántico de Vigo, muy cerca del centro de la ciudad. Desde allí comenzará la gran aventura del hombre contra el mar y el viento. El dos de mayo partirá rumbo a Tenerife, dándose inicio a la primera etapa.
Santa Cruz de Tenerife, España ( 14 al 17 de mayo): Tenerife, la isla de mayor tamaño de las Canarias con 2.034,21 Km², presume de ostentar dos títulos de Patrimonio de la Humanidad, uno, natural, el Parque Nacional del Teide y el otro es una ciudad, San Cristóbal de La Laguna a solo nueve kilómetros de Santa Cruz, en cuyo puerto atracará la flota de veleros; esta última ciudad, precisamente durante el mes de mayo, celebra sus fiestas patronales, con lo cual las tripulaciones podrán compartir con los lugareños tradiciones y diversión. De aquí partirá el día 17 de mayo rumbo a Las Bermudas dando comienzo a la segunda etapa.

Hamilton, Bermuda, Gran Bretaña (12 al 15 de junio): Bermudas es un archipiélago formado por numerosas islas con un magnífico clima subtropical y gran tradición marinera, de hecho, uno de los veleros participantes les representa, el SPIRIT OF BERMUDA. Aquí, en un principio, la flota atracará, partida en dos mitades en los puntos opuestos de la isla capitalina, Bermuda, es decir, en los muelles de St. George y Royal Naval Dockyard; el día 11 de junio la flota se unirá para atracar todos juntos en el puerto de Hamilton y todo ello entre animadas celebraciones. El 15 de junio pondrá rumbo hacia la tercera etapa.

Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos (25 al 29 de junio): Este puerto está ubicado en el punto en el se unen los ríos Cooper y Ashley. Los habitantes de Charleston son grandes amantes del mar y de los veleros tradicionales, de hecho, la ciudad ha financiado la construcción del SPIRIT OF SOUTH CAROLINA, también participante de esta regata, inspirado en una goleta muy apreciada por ellos y que fue construida en 1879; este barco se usa como buque-escuela para jóvenes de ese Estado. Aquí tampoco faltarán las actividades organizadas para las tripulaciones y el público en general. El 29 de junio se iniciará la cuarta etapa rumbo al norte.

Boston, Massachusetts, Estados Unidos (8 al 13 de julio): ciudad de gran historia que acogerá a la flota en el Seaport District y en los mueles del North End. Allí las tripulaciones podrán gozar de visitas a los numerosos puntos de interés de la ciudad, eventos deportivos y otras celebraciones así como la participación en coloquios con niños para compartir sus experiencias y responder a sus preguntas. Y el 13 de julio emprenderá la (ASTA) Cruise-in-C —esta etapa, a diferencia de las demás tiene su propio nombre—.

Halifax, Nueva Escocia, Canadá (16 al 20 de julio): se le considera la puerta atlántica de Canadá. La estancia de la flota coincidirá con el 250 aniversario de la inauguración de los Astilleros Reales. También aquí las tripulaciones serán homenajeadas y participarán en las distintas actividades organizadas al efecto. El 20 de julio los veleros desfilarán ante todos aquellos que se reúnan para despedirlos e iniciarán la quinta y última etapa que le traerá nuevamente a Europa.

Belfast, Irlanda del Norte, Gran Bretaña (16 al 20 de julio): la flota atracará a un kilómetro del centro de la ciudad en el lugar donde estaba ubicado el histórico astillero Harland and Woff, nada más y nada menos que es astillero donde fue construido el tristemente famoso Titanic. Será en este lugar donde tendrá lugar la clausura de esta regata.

A continuación la relación de veleros participantes en esta singular regata:

Arosa --España
Belle Poule --Francia
Capitan Miranda --Uruguay
Cisne Branco --Brasil
Concordia --Barbados
Eagle --USA
Etoile --France
Europa --Holanda
Fazisi --U.S.A
Idea Due --Italia
Jolie Brise --UK
Kruzenshtern --Rusia
Mircea --Rumania
Mystic --USA
Peter von Danzig --Alemania
Pride of Baltimore II --U S A
Rona II --UK
Sagres --Portugal
Spirit of Bermuda --Bermudas
Spirit of South Carolina --USA
Tecla --Holanda
Urania --Holanda
Xsaar --Bélgica

No todos los buques tomarán parte en la totalidad de las etapas; en Santa Cruz de Tenerife podremos disfrutar del BELLE POULE y el ETOILE de Francia; el IDEA DUE de Italia; el JOLIE BRISE y el RONA II de Gran Bretaña; el KRUZENSHTERN de Rusia; el MIRCEA de Rumanía; PETER VON DANZIG de Alemania; SPIRIT OF BERMUDA de Bermudas; el TECLA y el URANIA de Holanda, y por último el XSAAR de Bélgica.

Para más información recomendamos las siguientes webs;

http://uk.youtube.com/watch?v=UWdueRbN5xI




Otra forma de contacto es:

En Vigo:
Celso González
Tsacvigo2009@vigo.org
Tel: +34 68776042

En Tenerife:

Alberto Galván
comercial@puertosdetenerife.org
Tfno: (34) 922 60 54 45

Fax: (34) 922 60 54 79

Tall Ships Atlantic Challenge 2009PO Box 893

Santa Cruz de TenerifeCanary Islands – Spain


Departamento Comercial

Autoridad Portuaria de Santa Cruz de Tenerife

Avenida Francisco La Roche,

4938001 Santa Cruz de Tenerife

en Bermudas:

Paulina Brooks
Stabermuda@logic.bm
Tel: +1 441 296 2238

Starla Williams
starla@ssgbda.com
tel: + 1 441 292 9741 ext 108

en Charleston:

Danny Havens
dhavens@scmaritime.org
tel: + 1 843 722 1030 ext 18

Meaghan Van Liew
mvanliew@scmaritime.org
tel: + 1 843 722 1030

en Boston:

Kristy Kime
kkime@sailboston.com
tel: + 1 617 439 7700

David Choate
dchoate@sailboston.com
tel: + 1 617 439 7700
en Halifax:

Leanne Strathdee
leanne@xdcl.ca
tel: + 1 902 422-5115 ext 107

Derek Martin
Derek@troopmarketing.com
Tel: + 1 902 444 3773

y en Belfast:

Kevin Grant
grantk@belfastcity.gov.uk
tel: + 44 2890 270444

Gerry Copeland
tallships@belfastcity.gov.uk
tel: + 44 2890 270444

© escobén

domingo, 22 de marzo de 2009

MUCHAS GRACIAS A TODOS (I)

Desde este blog queremos agradecer la fidelidad de nuestros amigos que durante estos años, ya más de seis, nos han ayudado a seguir adelante en nuestro afán por dar a conocer, en la medida de nuestras posibilidades, la importante historia de nuestro puerto, el de Santa Cruz de Tenerife, a través de la de los buques que nos han visitado. Muy especialmente, deseamos expresar nuestro sincero agradecimiento a D. José Luis Torregrosa, sin cuya colaboración gráfica este blog perdería el encanto de la imagen.

Quienes damos vida a escoben.tk, Manuel López, Coral González y Ramiro González, en nuestro entusiasmo por difundir la Historia marítima de Canarias, disfrutamos con cada ola de información que hacemos llegar hasta las costas de internet, sabedores de que al otro lado de nuestra pantalla estás tú, estimado/a lector/a, en el muelle virtual que nos une.

Y para celebrar que habéis visitado nuestra web en más de doscientas mil ocasiones, no podríamos hacerlo de otro modo que enseñando nuestra isla desde sus puertos históricos, unos en activos, otros en desuso aunque testigos de su tiempo. No está en nuestro ánimo abundar en datos técnicos o comerciales, sino en su pasado e influencia en la población, la cual, desde siempre, y en la actualidad, tiene una gran dependencia de sus infraestructuras portuarias.

LOS PUERTOS HISTÓRICOS DE TENERIFE

Hubo un tiempo en que la isla de Tenerife estaba jalonada por sencillos puertos y muelles, algunos de ellos apenas unos modestos atracaderos para las lanchas que traían o llevaban personas y mercancías al buque fondeado un poco más allá, pues lo abrupto de nuestra geografía hacía imposible otra cosa.

Pero debemos empezar por acontecimientos tenidos lugar hace algo más de cinco siglos: durante la Baja Edad Media el comercio experimentó un desarrollo que obligó a abrir rutas diferentes para aquellos mercados que resultaban atractivos a los comerciantes de entonces; las nuevas técnicas de navegación que permitieron irse alejando progresivamente de la vista de la costa ayudaron de un modo definitivo a la expansión tenida lugar en aquellos tiempos.

Aunque conocidas desde la Antigüedad, las Islas Canarias no inspirarían interés hasta el S. XIV. Fue el reino de Castilla el que puso más empeño en su conquista, dejando relegado a Portugal, país que ya había hecho varios intentos, en vano, para conquistar el archipiélago canario. Casi un siglo costó doblegar a la totalidad de los aborígenes de las siete islas.

Castilla fue imponiendo sus normas, hasta que el Archipiélago respondió como una región más del reino. Comenzó así el asentamiento de comerciantes de diferentes procedencias atraídos por el potencial estratégico de las nuevas tierras conquistadas. Empezaron a exportar los productos agrícolas que se generaban en Canarias, fundamentalmente al Mediterráneo. El principal cultivo en aquella primera época fue la caña de azúcar, introducida en el Archipiélago durante la Conquista, al parecer por Pedro de Vera, conquistador de Gran Canaria. A cambio de esta exportación, se traían mercancías manufacturadas (tejidos, hierro, objetos ornamentales…).

La explotación azucarera, muy importante durante la primera mitad del siglo XVI sufrió un declive progresivo durante los siguientes cincuenta años y su lugar fue ocupado por el vino durante los siglos XVII y XVIII. Este producto fue llevado principalmente a Inglaterra, y, con posterioridad, también a América. En este último caso, también abrió el comercio de productos manufacturados extranjeros de contrabando, —en España solo los comerciantes andaluces tenían la autorización para comerciar con las Indias, no sería hasta el siglo XVIII cuando se liberaría el comercio—. Naturalmente, también se desarrolla el comercio interinsular.

Indudablemente, se precisaban barcos para todo este trasiego de mercancías y para las personas que las negociaban, con lo que la aparición de puertos y embarcaderos rodeando las costas canarias se hizo inevitable. En un principio se escogían playas o placeres, de arena o pedregosos, que estuvieran algo abrigados; pero el embarque o desembarque se debía hacer mediante lanchas, pues los barcos tenían que quedar fondeados. Esto era así por la ausencia de bahías con una profundidad óptima, de hecho, solo se contaba con entrantes de dimensiones reducidas lo cual dificultaba enormemente la creación de grandes puertos como los que en esa época funcionaban en el Mediterráneo. Con estas limitaciones se crean algunos puertos en la isla de Tenerife que llegarán a tener gran relevancia, pero condicionados por otro factor: están ubicados al norte de la isla, azotada con frecuencia por temporales de viento y mala mar que entorpecen muchas veces el óptimo desarrollo de estas instalaciones.

Pasamos a continuación a hacer una semblanza de alguno de aquellos puertos que aún hoy siguen existiendo con mayor o menor desarrollo en la Historia.

.....................................Vista general de la Villa de Garachico

Comenzaremos por el de Garachico. Esta es una preciosa localidad del norte de Tenerife fundada por un banquero genovés, Cristóbal de Ponte, en 1496 ó 1497 (no existe un acta fundacional que defina la fecha exacta, aunque la Data de otorgamiento es del sábado 1 de julio de 1497). Aprovechando un curioso entrante desde la costa se organizó el puerto, encajado entre el mar y abruptas montañas. Se debía atravesar un estrecho pero no muy incómodo brazo de mar que pocos metros tierra adentro se abría en una bonita rada, conocida como la Caleta del Genovés y que formaba un estupendo puerto natural al abrigo de una orografía muy montañosa, único caso en toda la isla. En el lado oeste se le construyó un sólido muro que hacía las veces de calle y donde los buques operaban directamente. Entró en pugna con el puerto de Santa Cruz —el cual trataremos con posterioridad—, pues ambos competían en cantidad e importancia de las mercancías que entraban y salían—, y Garachico siempre salía airoso aunque el otro, el de Santa Cruz, contaba con las simpatías de las autoridades.

En 1582 San Cristóbal de La Laguna, a la sazón capital de la isla, y Santa Cruz, su puerto, sufren una terrible epidemia de peste; toda la actividad portuaria se traslada a Garachico comenzando así una época dorada que lo convertiría en el puerto más importante, con el atraque incluso de los galeones procedentes de la Flota de Indias. Esto explica la contumaz negativa de los lugareños al regreso del tráfico al puerto de Santa Cruz dos años después, una vez sofocada la epidemia. Y es que, ya consolidadas las operaciones comerciales con América, a aquel puerto garchiquense llegaban mercancías procedentes de las Indias, de África y de Europa al tiempo que salía el azúcar de sus ingenios y su delicioso vino malvasía, generando un ambiente muy cosmopolita con marineros, mercaderes y géneros de las procedencias más curiosas.

Pero, en 1601 la comarca de Garachico también sufrió los estragos de la peste, lo mismo que le ocurriera a la capital, con lo cual se volvieron las tornas. Aún así siguió sobreviviendo, pero, la maldición estaba echada. En 1646 unas fortísimas lluvias en la zona provocaron un aluvión de agua, piedras y lodo de tal magnitud que provocó el hundimiento de cuarenta barcos y cegó parcialmente el puerto, lo que le restó operatividad obligando a languidecer la actividad comercial. Pero la auténtica desgracia llegó el 3 de mayo de 1706 cuando una erupción volcánica hizo correr dos ríos de lava por las vertiginosas laderas de Garachico que arrasó la villa y cubrió de lava el puerto, incluido los barcos que estaban atracados ese día allí. La leyenda cuenta que, bajo los lodos primero y las lavas después, descansan los restos de un galeón cargado de oro del que un día hablaremos.
...................................Puerta de acceso al puerto, hoy tierra adentro
Se pretendió recuperar el puerto pero la empresa era imposible y, aunque se iniciaron los trabajos, estos quedaron abandonados. La pobreza llegó a tales extremos que la localidad quedó casi despoblada, sus habitantes se vieron obligados a marchar a otros lugares que les garantizaran la supervivencia. Con la desaparición del puerto y de parte de la población de Garachico, el lugar entró en declive. Las importantes familias de mercaderes allí asentadas se trasladaron entonces a La Orotava o San Cristóbal de La Laguna, llevándose consigo la prosperidad que años atrás le dio tan importante brillantez a la Villa y Puerto de Garachico.
.......................................................................Pescante para la carga de barcos fruteros
Las coladas de lava destruyeron el puerto, pero ganaron al mar un nuevo territorio: un brazo de lava formó un saliente, al mismo tiempo que un abrigo. Allí se ubicó un modesto puerto de pescadores que, construido en cantería, con el inicio del siglo XX se convirtió en embarcadero para los vapores fruteros y los famosos Correillos. Aunque ha habido diversos intentos por parte de las autoridades para recuperar el famoso e importante puerto de Garachico, hasta el día de hoy no han prosperado. No obstante, es una de las localidades más atractivas de las que podemos presumir en Tenerife, la erupción que trajo destrucción, paradójicamente creó un paraje con unas piscinas naturales de excepcional belleza, y es hoy una de las localidades de obligada visita turística cuando se viaja a nuestra isla.

La desgracia de Garachico supuso el auge de otro puerto, el de La Orotava, distante unos 36 kilómetros del primero.

Después de la conquista de la isla, La Orotava pasó a ser el núcleo poblacional más importante en clara rivalidad con la capital, San Cristóbal de La Laguna. En ambas se establecieron las familias más ricas de la isla. Se eligió como puerto natural de La Orotava una ensenada al abrigo de Punta Brava, al lado de la desembocadura del barranco de San Felipe. La playa se usaba como embarcadero y frente a ella se situó el fondeadero. Le caracterizaba el estar muy alejado de su núcleo poblacional, al igual que muchos otros en todas las islas, la razón es lógica: el archipiélago canario era víctima de constantes ataques piráticos, fundar una población al lado del puerto suponía un error táctico de previsibles y funestas consecuencias. Los canarios tenían sobrada experiencia sobre incursiones tanto de piratas como de corsarios.
A finales del S. XVI un temporal de agua y viento provocó una enorme crecida del barranco de San Felipe que anegó la rada e inutilizó el puerto parcialmente. En el S. XVII también, y al mismo tiempo, se comenzó a utilizar como puerto comercial otro en la misma zona, un poco más hacia el este, que había sido de pescadores hasta ese momento. Era imprescindible buscar soluciones rápidamente, el gran mercado que generaba la Península Ibérica gracias a su posición privilegiada en el Mediterráneo, así como la enorme riqueza de sus colonias en ultramar eran activos que no se podían desperdiciar.


......................................Bocana del Puerto de la Cruz


En 1826 otro gran aluvión de agua, piedras y lodo cegó por completo el primer puerto, pasando toda la actividad al muelle de pescadores que ya se le empezaba a conocer como Puerto Nuevo en contraposición al otro que pasó a ser llamado Puerto Viejo. No obstante, estaba en la misma zona, la llamada, muy acertadamente, Costa Brava, por las fuertes mareas que con frecuencia castigan aquel litoral.

Este Puerto Nuevo también se ubicó en un pequeño entrante de mar en tierra, pero los temporales habituales dificultaban las maniobras de entrada o salida de los buques, por lo que en 1822, en pleno Trienio Liberal español, se comenzaron unas obras para construir un nuevo muelle compuesto por dique y contradique, curvos ambos para ladear la bocana y de ese modo obstaculizar el paso de las olas.

A estas alturas del calendario este puerto ya había heredado todo el tráfico que antaño albergara el de Garachico y el de La Orotava, pasando a ser el más importante del norte isleño, con la característica especial de que ya no era el puerto de La Orotava por una razón muy sencilla: en 1808, año de constitución de la Junta Suprema de Canarias, se había constituido la población y los aledaños como municipio independiente pasando a llamase Puerto de La Cruz. El controlar su propio destino y la importancia que había alcanzado su puerto hizo que muchas personas principales se avecindaran allí, comenzando una época floreciente para el Puerto de La Cruz.

Pero este puerto también sufrió su ocaso: al pasar de los años los nuevos buques ya no tenían cabida allí, la construcción de carreteras hizo innecesaria la presencia de vapores fruteros o “correos” que conectaran los diversos puntos del litoral tinerfeño y los pescadores acabaron por recuperar su espacio. Esa es la estampa marinera de la que podemos disfrutar hoy, un pequeño y apacible puerto visitado por miles de turistas, pues el declive del puerto coincidió con el auge del lugar como enclave turístico, convirtiendo a la localidad en referente turístico para toda Europa.

....................................El Puerto de la Cruz un día de febrero
En el sur de la isla de Tenerife también surgieron algunos puertos, de entre los que destacaremos el de Los Cristianos, tan en boga actualmente por el constante goteo de la llegada de cayucos con emigrantes subsaharianos.

La primera referencia que de él tenemos data del S. XVI y, como la mayoría, estaba alejado de la población. Fue fundado en una playa de arena con aguas someras abrigada por un gran saliente de roca. Los barcos se veían obligados a fondear, por lo que el trabajo de las lanchas era imprescindible. Este puerto no vivió el trasiego de mercancías procedentes de lejanos lugares, muy al contrario, su existencia la dedicaba al cabotaje y pasajeros que se movían entre las islas, o para trasladarse a otros puntos costeros de la propia isla de Tenerife —las cómodas carreteras de hoy no estaban ni siquiera soñadas en aquel entonces—. Hasta allí llegaban las canastas llenas del producto agrícola y ganadero local para llevarlo a mercados de otros puntos de Tenerife o hacia otras islas y se recibían los productos que llegaban también de otros pueblos canarios.
.........................................Barcos pesqueros en el puerto de Los Cristianos
En el S. XIX el puerto de Los Cristianos ya se había convertido en el principal punto de atraque del Sur tinerfeño y en 1909, pese a la crisis existente en España, se obtuvieron los fondos necesarios y se construyó el primer muelle para satisfacer las necesidades creadas, causadas por el desarrollo económico local, al que la ausencia de piratas ayudó mucho. En 1934 se amplió aún más para dar cabida a los cada vez más y mayores buques.


.................................Vista general del puerto y enclave turístico de Los Cristianos
En 1975 se creó una línea marítima para unir San Sebastián de La Gomera con la isla de Tenerife, el punto de salida y llegada a esta última isla sería por cercanía Los Cristianos, por lo que se desarrollaron nuevas reformas de mejora. A día de hoy, es uno de los principales puertos de España en lo que a número de pasajeros se refiere, pues ya no solo une Tenerife con La Gomera, sino también con La Palma y El Hierro. Al ser el sur de Tenerife un enclave turístico de los más importantes de Europa, muchos de nuestros visitantes deciden hacer una escapada a alguna de las islas antes mencionada, siendo La Gomera el caso más claro: se puede ir por la mañana y regresar a última hora de la tarde.
................................................................Puerto de San Juan
Muchísimo más modesto es el puerto de Playa San Juan, en el término municipal de Guía de Isora, al oeste de Tenerife. Se trata de una infraestructura que comenzó su existencia por la necesidad de los pescadores de la zona y que, hoy en día, es un precioso puerto, cuya malecón protege una playa muy coqueta con la que linda una plantación platanera, la cual nos recuerda la dedicación, casi exclusiva, a la agricultura de sus esforzados habitantes. Es un superviviente de varios que rodeaban a la isla y sirve de ejemplo para hacernos a la idea de cómo se organizaban los puertos.

......................................................................Puerto de San Juan
En el próximo capítulo nos ocuparemos del puerto de Santa Cruz, el heredero de la brillantez del puerto de Garachico.

© Ramiro y Coral González.

MUCHAS GRACIAS A TODOS (II)

....................................Panorámica del puerto y ciudad de Santa Cruz

A continuación vamos a centrarnos en el principal puerto de Tenerife, el de Santa Cruz.

Durante la época de la conquista, el castellano Fernández de Lugo escogió una bahía de Añazo, actual Santa Cruz, porque era la parte menos escarpada que facilitaba la penetración hacia el interior de la isla durante la contienda. Precisamente esa facilidad para entrar en la isla es lo que causó que se convirtiera en zona defensiva, fuertemente vigilada y artillada, de cara a los ataques piráticos.

En un primer momento, en el siglo XVI, se trataba de un varadero junto a la desembocadura del Barranco de Santos. Sufrió muchos avatares por la inexperiencia y los materiales poco adecuados de su fábrica, a lo que hay que añadir una sucesión de temporales, obligando a que el primer muelle fuese cambiado de ubicación. Se construyó uno nuevo un poco más allá, en la Caleta, que perduraría prácticamente durante todo el siglo XVII.

Ya era un puerto importante, pero el desplazamiento de la actividad comercial, consecuencia del declive de Garachico, trajo el establecimiento de una importante representación de la burguesía, cuyo empuje ayudó su crecimiento. No sería hasta 1787 cuando que se terminaría por fin un puerto seguro y cómodo para embarcaciones, viajeros y mercancías. Se consolidó así como el más importante de la isla. El acondicionamiento de las vías de acceso y la canalización del agua para el abastecimiento de los buques lo hicieron aún más necesario para los barcos que decidían hacer parada y fonda en la isla, que era muchos.

Pero este siglo XVIII fue difícil para el Puerto de Santa Cruz. En 1778 se liberalizó el comercio con América (*), es decir, el de Santa Cruz ya no era el único puerto canario del que salía mercancía hacia las Indias, pues hasta ese momento había tenido la exclusiva en el archipiélago. Compensó estas pérdidas con la salida masiva de isleños hacia América como colonos.

Aún así, siempre fue atractivo para piratas y corsarios. La enemistad entre los países más poderosos en pugna por la hegemonía, esto es, Inglaterra, Francia y España, puso en solfa a los territorios que se encontraban en el camino de los galeones de las distintas banderas. Canarias siempre ocupó un punto estratégico para la corona inglesa, así que los ataques por parte de la Armada de Su Graciosa Majestad no le hacían gracia a ningún canario. A modo de ejemplo mencionaremos tres de los ataques más conocidos. El 30 de abril de 1657, sir Robert Blake se presentó ante la ciudad con una escuadra compuesta por más de una treintena de barcos. La defensa fue férrea pero no suficiente y Blake obtuvo una de las mayores victorias de su vida. Peor suerte tuvo John Genings, quien el 6 de noviembre de 1706 llegó a los alrededores del puerto con banderas francesas —a la sazón, aliadas— pero algo hizo desconfiar a la guarnición, y efectivamente, en pocos minutos las enseñas fueron mutadas por la enemiga inglesa, poco honorable costumbre muy usada por los barcos británicos de la época. Pocas horas duró el ataque, y el señor Genings tuvo que replegar su tropa y sus engaños, porque le fue infligida una derrota de la que los guardianes tinerfeños aún se ríen en sus tumbas. Y la más importante de todas, el ataque de Nelson. El 25 de julio de 1797 el contraalmirante Horatio Nelson se presentó frente a Santa Cruz al mando de una pequeña flota escindida de la que, por aquellas fechas bloqueaba el puerto de Cádiz. Después de varias horas de lucha por mar y tierra, unas rociadas de balas de cañón de calibre considerable consiguieron hacer mella en la empresa de Nelson, y también en el brazo derecho de don Horatio. La única gran derrota del laureado héroe inglés, quien nunca pudo imaginar que una tierra tan humilde como era el Santa Cruz de aquel entonces albergara a población tan aguerrida, en la que hombres, mujeres y niños fueron invencibles. La invicta villa, puerto y plaza de Santa Cruz se quedó como recuerdo la enseña del navío de línea inglés EMERALD, y en el fondo de su bahía aun yacen los restos del cúter FOX.

La primera mitad del S. XIX, tampoco fue una época fácil para la isla de Tenerife y por ende para su puerto principal. El Archipiélago estaba atravesando por tremendas dificultades; prácticamente no se producía nada, los campos se estaban abandonando, la emigración era enorme y, por si fuese poco, una epidemia de cólera estaba atacando a la población. Todo era consecuencia de la pérdida de colonias en América. El Gobierno español había decidido proteger la producción nacional imponiendo un fuerte arancel al producto extranjero. En Canarias no había industria local y la importación era imprescindible, por lo tanto, la carestía y la posterior escasez era inevitable. La burguesía de la ciudad se empeñó en conseguir que se liberara el comercio en Canarias. Tardaron, pero lo consiguieron, aunque tuvieron que pasar varios años.


.................................................Puerto de Santa Cruz en 1904

Mientras tanto, en Santa Cruz se intentaba reparar los graves desperfectos que había provocado un fuerte temporal que azotó la ciudad en 1821, obras que concluyeron en 1824, quizá ayudado por el hecho de que Santa Cruz se convirtió en capital de la isla en 1822, acabando también con la hegemonía de la ciudad que lo había sido hasta ese momento, San Cristóbal de La Laguna.

Después de años de depresión económica y social, la reina Isabel II firmó, en 1852, el ansiado Real Decreto (que las Cortes elevaron a rango de Ley en 1870) por el que se designaba a los puertos canarios como puertos francos, es decir, se dispusieron reducciones aduaneras y se accedió a que las islas importaran mercancías desde el extranjero, lo que hasta ese momentos resultaba carísimo, así como la exportación de producción propia como era el caso, casi exclusivo en aquellos años, de la cochinilla, un insecto que crece en pencas o tuneras, muy apreciado en el mercado mundial como tinte natural para tejidos y otros productos, lo que hizo que su producción, precio y exportación se elevara considerablemente hasta el final del siglo XIX, lo que tuvo unas repercusiones económicas muy favorables para el Archipiélago.

También eran muchos los barcos europeos que hacían parada técnica en las islas de camino a América. Por ello se establecieron empresas extranjeras en el puerto de Santa Cruz con el objetivo de controlar sus barcos o lo que es lo mismo, sus intereses.

A finales del siglo XIX el puerto había sufrido una remodelación que lo prolongó 339 metros más, pues ya se había quedado pequeño, pero aún así, los buques de gran tonelaje no podían entrar, por lo que se veían obligados a fondear, haciendo el trabajo de carga y descarga las lanchas. Los barcos de cabotaje, más pequeños y de menor calado, no tenían problemas de atraque.


.............................................Antiguo muelle para la carga de carbón

El paso de la navegación a vela a los barcos propulsados por motores de vapor hizo precisa una ingente cantidad de carbón permanentemente disponible en el puerto de Santa Cruz. Cuatro empresas carboneras se establecieron en estas instalaciones portuarias, llegando a suministrar, entre todas, hasta 10.000 toneladas de carbón al año. Pero una competencia mal entendida con el Puerto de Las Palmas, unida al descontento permanente de los trabajadores del sector inmersos en constantes convocatorias de huelgas, hizo que muchos buques buscaran su combustible en otros puertos con mejores garantías de suministro, tal es el caso del de Madeira. Un negocio prácticamente seguro se quedó en agua de borrajas.

Tampoco fueron fáciles las primeras décadas del siglo XX. El acoso al que sometieron los submarinos de uno y otro bando al tráfico marítimo en el Atlántico durante la Primera Guerra Mundial, ahuyentó a los barcos que incluían a Canarias dentro de sus rutas. El enorme daño económico provocado por esta situación duraría hasta finales de los años 20.

Pero, no mucho tiempo después se inició otra faceta del progreso. El 2 de febrero de 1930, comenzó el definitivo declive del carbón en el puerto de Santa Cruz, fue el día en que arribó el buque petrolero THOPHON procedente de Cusaçao. Quedó atracado en el Muelle Sur para suministrar combustible líquido a algún barco que lo demandase. A finales de ese mismo año, siendo presidente de la Junta de Obras del Puerto D. Fernando Salazar y Bethencourt, se inauguró la Refinería de Petróleos, construida al sur de la ciudad, construyéndose depósitos y tuberías en las instalaciones portuarias para la conducción y suministro de combustible líquido a los buques de nueva planta. Fue así como la ciudad y su puerto presenciaron la paulatina desaparición de las ennegrecidas gabarras carboneras y los remolcadores, a vapor, que las arrastraban para el suministro de los viejos y humeantes vapores. Una estampa hoy llena de nostalgia, muy buscada por los coleccionistas locales de fotografías antiguas.
.............................................................Cargando "fruteros"
De esta manera tan prosaica llegó la moderna tecnología el siglo XX al puerto de Santa Cruz de Tenerife.

Al final, los tiempos de paz trajeron la prosperidad, y a lo largo de los decenios posteriores, el puerto de Santa Cruz ha experimentado importantes mejoras. Se ha aumentado su tamaño en extensión y en número de muelles, y se ha completado con moderno equipamiento de estiba y desestiba, instalaciones imprescindibles para pasajeros y mercancías, y está en continua expansión lo que demuestra que sigue vivo, desarrollándose en paralelo con la ciudad a la que pertenece, y esperamos, en breve, puerto y ciudad dejen de darse la espalda para ir de la mano, como lo hizo durante varios siglos. Como vestigios aún vivos de la antigua simbiosis puerto-ciudad son los nombres de algunas calles, como la “calle del Saludo”, que debe su nombre a que, en una explanada, se encontraban las dos piezas de artillería usadas para contestar a las salvas de ordenanza con que los buques de guerra extranjeros saludaban la ciudad a su llegada. Tampoco debemos olvidar elementos del puerto convertidos hoy en verdaderos objetos de culto, como la inolvidable y cantada Farola del Mar, que afortunadamente todavía se mantiene en pie, tras atravesar una época oscura.

Merece la pena hacer, en este punto, una pequeña reseña histórica de este icono del puerto santacrucero. En la primavera de 1862 llegó procedente de París un faro construido por H. Lepaute. Fue instalado en una torre de apenas seis metros de altura. El 31 de diciembre de 1862, coincidiendo con la celebración del Fin de Año, se encendió por primera vez comenzando a enviar sus señales lumínicas hasta a nueve millas de distancia. En un principio utilizaba como combustible el aceite vegetal, luego pasó al petróleo para terminar utilizando la electricidad, manteniéndose en servicio durante más de noventa años. Finalmente, en 1954, siendo presidente de la Junta de Obras del Puerto de Santa Cruz D. Carlos J.R. Hamilton y Monteverde, la “vieja farola” fue desconectada, con gran tristeza por parte de los ciudadanos que ya la veían como un miembro más de la ciudad. Las obras de ampliación y desarrollo del muelle la habían dejado en un punto interior del puerto que lo hacía inútil.

El ingenio popular le había dedicado una copla que se, con el tiempo, se convertiría en la primera “isa” que aprendemos todos los tinerfeños de niños:

Esta noche no alumbra
la Farola del Mar,
esta noche no alumbra
Porque no tiene gas.

En aquellos días de 1954, un poeta local, Nijota, le compuso otra copla:

Ya en el muelle no alumbra
La Farola del Mar,
Como era chiquita
La mandaron quitar.

Chiquita en tamaño, pero tan grande en el corazón de los santacruceros y de la Isla toda. Tras ser restaurada hace varios años, actualmente sigue luciendo e iluminando a título testimonial las instalaciones portuarias, en uno de los puntos más antiguos del puerto, junto a la vieja marquesina, el lugar por el que antaño, se llegaba a tierra desde las lanchas que acercaban a los pasajeros y tripulaciones de los buques fondeados fuera del puerto.
..
...............................................................Muelle Sur

Hoy, el Puerto de Santa Cruz de Tenerife no debe mirar al futuro olvidando su pasado. Para satisfacer su innegable necesidad de ampliación, previamente se deberían recuperar los pecios que forman parte de nuestra Historia y que tan celosamente ha guardado el puerto bajo su cieno para las generaciones venideras. Hay registrados cuarenta y nueve hundimientos, entre los que se encuentran barcos de Robert Blake y el famoso cúter FOX de Nelson, así como varios navíos del siglo XVII. Cubrir de hormigón esos restos es hundir en el olvido el origen de una ciudad que no sería lo que es hoy sin su puerto, y quienes deben tomar las decisiones al respecto, no tendrían esa responsabilidad si Fernández de Lugo no hubiese escogido las playas de Añazo para fondear aquellos primeros barcos. Cercenar la historia del Puerto de Santa Cruz de Tenerife en aras del progreso no es una solución civilizada en la Europa del siglo XXI, pero sí caciquil.

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(*) Reglamento y Aranceles Reales para el Comercio Libre de España a Indias. Octubre de 1778.
© Ramiro y Coral González

miércoles, 18 de febrero de 2009

GALERÍA FOTOGRÁFICA

Atendiendo a la sugerencia de nuestro lector Antonio Amadeo Deluca, publicamos algunas fotos de buques, de la naviera finlandesa Suomen-Etelä Amerikan Linja de Helsinki, que recalaron en el puerto de Santa Cruz de Tenerife. Esperamos que les gusten








© escobén

martes, 17 de febrero de 2009

NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ

Una central eléctrica flotante con mucha historia,
la historia inacabada del viejo «barco de la luz»




Nostalgia, ese fue el sentimiento que se adueñó de todos aquellos testigos quienes en la primavera de 1973 observaron como, lentamente, iba abandonando el puerto de Santa Cruz de la canaria isla de Tenerife, la poco airosa figura de la central eléctrica flotante NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ, recubierta por su sempiterna pintura gris, y que había firmado el cielo del muelle con sus negros copetes de humo durante once largos años en que su figura quedó impresa en el recuerdo popular de la sociedad tinerfeña, junto a la vieja “Farola del Mar” que aún alumbra el folklore canario, pese a que “no tiene gas” (como reza la copla)…Se marchaba en silencio el viejo «barco de la luz» cargado de viejas historias. Se marchaba una ensombrecida barcaza que ocultaba bajo el salitre de sus muchos años, un buque de guerra que un día surcó orgulloso las aguas del Atlántico en los peores tiempos que vivió Europa en el siglo XX, durante la infausta II Guerra Mundial, en que cosechó muchos éxitos en combate, en momentos en que Inglaterra se afanaba en solitario para mantener abiertas las líneas de comunicación marítimas en el Atlántico, imprescindibles para su economía y evitar el más que probable cerco de los insaciables submarinos nazis.

Los convoyes que viajaban hacia Inglaterra o salían de allí, eran escoltados por unas corbetas pequeñas y de reducido tonelaje, dotadas de un armamento ligero consistente en artillería superficie-aire y cargas de profundidad estándar, que las hacía vulnerables a la feroz crueldad de los U-boot del Fürher. Pero aún así, eran la única protección de los convoyes, pues la flota de destructores había sufrido numerosas pérdidas en combate. El poco peso de las corbetas las hacía inadecuadas para la navegación oceánica en el Atlántico, donde las tormentas y las marejadas intensas y frecuentes hacia latitudes altas ponían en serios aprietos sus condiciones de operatividad. Por otro lado, su escasa autonomía hacía necesario la presencia de buques de suministro de combustible en medio de los convoyes, lo que ralentizaba el trayecto y propiciaba el escenario perfecto para la actuación de las flotillas de submarinos nazis: las «manadas de lobos» del Almirante Doenitz.

Ante este oscuro horizonte, la Royal Navy se vio en la obligación de emprender con apremio el diseño y construcción de unidades apropiadas para estas misiones.

De acuerdo con el Almirantazgo británico, la poderosísima ingeniería naval estadounidense puesta al servicio de la guerra, comenzó a trabajar con celeridad en el denominado «Programa de Emergencia Naval» creado por el Gobierno Federal. Se estudiaron minuciosamente todos los detalles tácticos y operativos de las distintas clases británicas (Flower, Loach, Castle y River), así como sus defectos, tomándose los mejores aspectos de cada una de ellas para concentrarlos en una nueva construcción. Nació así el «destructor de escolta» denominado DE, del que se construyeron nada menos que 565 unidades entre 1941 y 1945, conseguidas gracias a que el ensamblaje de estas unidades se hizo al mismo tiempo en quince astilleros −de los que son más destacables los de Bothelm, Filadelfia, Norfolk, y los arsenales de Charlestown, y los menores de Bay City, Defoe, Brown y Tampa Shipbuilding−, donde se montaban y soldaban las piezas que, ya prefabricadas, iban llegando incesantemente desde innumerables puntos de los Estados Unidos, lo que demostraba a las claras la enorme capacidad de empuje de la industria naval norteamericana.

Nació así la denominada «fragata antisubmarina» genérica de 1.400 tn. de registro (2.100 tn. a plena carga), 93,26 m. de eslora por 11,22 m. de manga, y capaz de desarrollar hasta los 24 nudos de velocidad gracias a una planta motriz diesel-turbo-eléctrica configurada por dos calderas Foster-Wheler de impecable construcción que entregaban 12.000 HP de fuerza a sus dos hélices. Fue dotada, además, con armamento defensivo y ofensivo apropiado, tanto en superficie como bajo el mar (tres piezas de artillería de 76 mm. montadas al tresbolillo (1) situadas a popa tras la alta chimenea, dos piezas de 40 mm. y diez de 20 mm., ocho varaderos y morteros lanzacargas en la cubierta de popa, además de erizos, más apropiado para la defensa de los convoyes atlánticos; también se les dotó de equipos de pantalla de sonar visual-acústico, denominado «asdic». Pero a lo largo de la construcción de las 565 unidades producidas, hubo algunas variaciones que definieron cinco clases distintas: EVARTS (de 1.150 tn., con motores diesel para alcanzar una velocidad de 20 nudos), BUCKLEY (de 1.400 tn., turbinas, 24 nudos), BOSTWICK (de 1.240 tn., motores diesel, 25 nudos), RUDEROW (1.450 tn., turbinas, 24 nudos) y J.E. BUTLER (de 1.300 tn., turbinas, 24 nudos).

Los DE carecían de castillo lo que acentuaba sus estilizadas líneas y su arrufo (2) era muy pronunciado en la proa. Exhibían un aguzado tajamar especialmente planeado para cortar las olas atlánticas y evitar, por lo tanto, remontarlas, ganando así velocidad, estabilidad y algo muy importante, capacidad de maniobra. Sobre el puente enarbolaba un único palo que acogía el radar y la cruceta para las banderas de señales. Sólo tenía una alta chimenea instalada en la superestructura del puente, con una ligera inclinación hacia la popa, que en los propulsados por turbinas tenía más altura y mayor inclinación. Por otro lado, su capacidad de almacenamiento le permitía embarcar hasta trescientas toneladas de combustible, alcanzando así una autonomía para cinco mil millas a una velocidad media de 15 nudos, confiriéndole una gran ventaja en el combate.

Cuarenta y seis DE del tipo BUCKLEY recién construidos fueron transferidos a la Royal Navy, a la que se incorporaron tras ser dados de alta como fragatas de la clase CAPTAIN. Uno de ellos será el protagonista de nuestra historia:

Con diseño y características técnicas proyectados por la Gibbs & Company, el USS OSWALD DE-71 fue montado en astilleros de Massachussets y botado el 30 de junio de 1943. Recién concluida su construcción y llevada a cabo su verificación, se le entregó a la Royal Navy donde fue rebautizado con el nombre de HMS AFFLECK asignándosele el numeral K-462 y siendo incorporado al “First Escorts Group” junto a sus gemelos HMS GORE, HMS GOULD y HMS GARLIES. Al poco tiempo, en mayo de 1944, el AFFLECK fue designado buque insignia de su grupo, al mando del capitán de corbeta G. Gwinner.

Comenzó así a escribir su propia historia. Desde el mismo momento de su bautizo de fuego, la tenacidad en combate del AFFLECK y de su tripulación durante la contienda, le harían merecedor de tener su reseña en la Historia Naval de la II Guerra Mundial: su fiereza y fortuna en los encuentros con los submarinos (las “manadas de lobos”) del Almirante Doenitz (1891-1980) dejaron clara muestra de ello. Las rápidas navegaciones en zig-zag en los flancos de los convoyes que le fueron asignados al AFFLECK no se condicionaron al mal o buen tiempo, siempre alerta su dotación y a punto para entrar en combate incluso en medio de los peores temporales en los que, pese a embarcar ingentes cantidades de agua a medida que arreciaban, no se minoraba su régimen de vigilancia ni se alteraba su rumbo. No debemos perder de vista que se trataba literalmente de la lucha por la supervivencia, en medio de un Atlántico sembrado de muerte.



Una de sus gestas más recordadas fue la caza y el hundimiento del U-91 (3): el 25 de febrero de 1944 en misión de escolta del convoy ON225 en el Atlántico, el AFFLECK al mando del capitán G. Gwinner localizó al norte de las Islas Azores a un submarino navegando emergido a proa del convoy. Tras el inmediato zafarrancho de combate, el AFFLECK arrumbó a toda máquina a su encuentro, con el GORE (al mando de J. Reeves-Brown) y el GOULD (al mando de D. W. Ungoed) tras su estela. El U-91, al mando del comandante Heinz Hungershausen, percatado de la maniobra, se sumergió antes de establecerse contacto visual, comenzando sus maniobras evasivas, pese a lo cual fue localizado gracias al sistema de detección “asdic” de los destructores, lo que permitió dar comienzo al rosario de cargas de profundidad que finalmente dieron con el U-91 en el fondo. Al parecer, según algunas fuentes hubo 16 supervivientes que fueron capturados.

A los pocos días, el 1 de marzo, también cerca de las Azores se repetía la escena con otro submarino, el U-358 (4) tras hundir este a uno de los mercantes del convoy. El AFFLECK, acompañado por sus gemelos GORE, GARLIES y GOULD consiguen cercar al submarino después de 38 horas de combate, durante las cuales le fueron lanzadas 104 cargas de profundidad. Finalmente, Rolf Mancke, comandante del U-358, sabedor de su ya segura derrota, aprovecharía hasta el último aliento de su buque: con las baterías completamente agotadas, en un último esfuerzo, acabó emergiendo en tal posición que, al ganar superficie, se encontró con el GOULD en su proa, disparándole con desesperada urgencia los 4 torpedos delanteros, haciendo blanco en el destructor que, devastado, se hundiría en pocos minutos. Sin posibilidad ni tiempo para otra maniobra, el U-358 sería sometido en el acto al presto fuego artillero de los destructores, quedando totalmente deshecho y hundiéndose de popa irremisiblemente. No hubo un solo superviviente de una tripulación de 50 hombres. Este combate está catalogado como el acoso más largo al que se sometió a un submarino alemán a lo largo de toda la II Guerra Mundial.

Solo un apunte, estimado lector, para no perder la perspectiva: desde el punto de vista humano, resulta imposible alcanzar a imaginar el desatado terror claustrofóbico que se puede sentir dentro de un submarino sumergido tras 38 horas de bombardeo a muerte. Imaginarse el pavor de los tripulantes tras escuchar el click-click que precede al estallido de cada carga de profundidad, una vez y otra y otra y otra…y así hasta 104 veces, nos obliga a reflexionar sobre las miserias de la guerra… Las miserias de la guerra.

Acabado el combate, los tres destructores supervivientes volvieron a su base, entrando en reparación el GARLIES y el GORE, mientras que el AFFLECK, sin daños y rápidamente reaprovisionado, zarpa de inmediato con una nueva misión de patrulla acompañado en esta ocasión por el veterano destructor británico HMS VANOC, construido durante la I Guerra Mundial y comandado en ese momento por P. R. Ward. El 13 de marzo reciben comunicación en la que se les indica que tres aviones Catalina- VP63 de la Fuerza Aérea norteamericana con base en Gibraltar acaban de delatar la presencia de un submarino al suroeste de Punta Tarifa, en Cádiz, dentro de la zona de patrulla del AFFLECK y del VANOC. Los dos destructores comienzan la persecución con el apoyo de dos aviones equipados con cargas de profundidad, localizando al U-392 (5) navegando en inmersión. Las cargas de profundidad pronto dan en el blanco, haciendo emerger al submarino gravemente averiado. Su comandante, Henning Schümann, ordena su tripulación que lo hunda antes de la llegada de los destructores, ejecutándose la orden en la posición 35º55’N-05º41’W. Tras el combate, el AFFLECK atraca en Gibraltar, recibiendo orden de reincorporarse a la flotilla.

A estas alturas de la guerra, y tras comenzar a decaer los ataques de las “manadas de lobos" de Doenitz, el AFFLECK ya no es imprescindible como escolta de convoyes, por lo que recibe una de esas órdenes que cambian el curso de la Historia: trasladarse a Derry, al norte de Irlanda, y agregarse a las fuerzas del almirante Ramsay (6) quien, bajo las órdenes del general Eisenhower, preparaba la “Operación Neptuno”, denominación que englobaba la contribución naval al desembarco de Normandía (“Operación Overlord”). El AFFLECK fue una de las unidades de superficie que con su fuego artillero, unido al de otros dos destructores, cinco acorazados, veintidós cruceros, cuarenta y ocho corbetas y una numerosísima cantidad de fuerzas sutiles, apoyaron en el Canal el desembarco de cuatro mil doscientos veintidós transportes y buques en las playas de Normandía durante el 5 y 6 de junio de 1944.

Establecida la cabeza de playa del mayor desembarco de tropas de la Historia que dejaría las playas de Normandía sembradas de chatarra durante años, el AFFLECK servirá de escolta en aguas del Canal junto con otras grandes unidades de superficie y numerosísimas fuerzas sutiles, para dar cobertura al enorme trasiego de tropas y material bélico, contra posibles ataques de submarinos nazis que todavía son numerosos en el Atlántico Norte.

El 25 de junio de 1944, cuando se encontraba patrullando las aguas del Canal junto al destructor HMS BALFOUR, el AFFLECK recibe comunicación por parte de un avión Wellington del escuadrón polaco 304, en la que se indica la localización de un submarino al sudoeste de Torquay, frente a la costa francesa de Plougerneau. Se trata del U-1191 (7) que, al mando del comandante Peter Grau, había zarpado de Stavanger el 22 de mayo con orden de internarse en el Canal de la Mancha. Comienza el combate y, gracias al parecer a las certeras cargas de profundidad lanzadas desde el Wellington, acaban con él tras una breve persecución. No hubo supervivientes.

Pero tras tantos éxitos, llegó el final. El 26 de diciembre de 1944, en misión de escolta del convoy EG1N, en los alrededores de Cherburgo y frente a Portsmouth, el AFFLECK fue atacado por la popa a las 12:40 horas por los inesperados torpedos del U-486 (8) al mando de Gerhard Meyer, el cual, quince minutos antes había atacado y hundido a la fragata HMS CAPEL del mismo convoy. Muy mal parado, el AFFLECK quedó semihundido de popa y con gravísimas averías, por lo que tuvo que ser remolcado con urgencia por un remolcador de la Royal Navy hacia una playa de la costa británica para vararlo, evitando su casi seguro hundimiento. Días después, tras ser reforzados sus dañados mamparos, fue puesto a flote y remolcado hasta Barrow, frente a Francia. Sometido a una inspección técnica, y aunque aparentemente el AFFLECK no parecía demasiado afectado, el informe vino a dictaminar que su reconstrucción resultaba inviable económicamente a tenor de las grandes y gravísimas averías y desperfectos en la sección de popa. A la vista de este informe, y pese a la intención primera de ponerlo nuevamente en servicio ensamblándole la sección de popa de alguno de sus gemelos, en los despachos del Almirantazgo británico se tomó la decisión de darlo de baja, relegando al AFFLECK a un rincón del puerto, donde permanecería amarrado a la espera de la orden de desguace.

En esta situación de abandono permanecería durante cuatro años. Pero a principios de 1949 se encendió una luz de esperanza para el AFFLECK. El INI - Instituto Nacional de Industria español, se interesó por las posibilidades que podía ofrecer aquel cacharro oxidado. Concretamente su motor: querían convertirlo en una central eléctrica, como se reconvirtieron algunos de sus compañeros después de la guerra para suministrar electricidad a algunos puntos de Estados Unidos, Colombia o Ecuador. Una vez confirmada su capacidad para generar electricidad y verificado el estado general del buque, el 24 de febrero de 1949, tras la firma de los preceptivos documentos, el AFFLECK fue remolcado hacia Amberes, concretamente a los astilleros John Cockerill de Hoboken, donde comenzaría su transformación.

Durante los trabajos de adecuación, la popa fue recortada en 14 m., confiriéndole un aspecto algo chocante, convertido ahora en un pontón con 76 m. de eslora y 1.278 tn., rematando su estampa dos chimeneas de considerable altura. Una vez terminado, fue entregado al INI rebautizándosele acertadamente como NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ. Desde Hoboken sería remolcado hasta Cartagena (Murcia) donde comenzó su tarea de suministro de electricidad. De aquí sería trasladado posteriormente a Barcelona con idéntico cometido. Tiempo después sería remolcado hasta San Fernando para prestar los mismos servicios.

En Canarias, durante la década de los 50 y principios de la década siguiente, el suministro de energía eléctrica se reveló inadecuado para las necesidades de la población residente en pleno crecimiento. Posteriormente se sumaría a esta demanda energética el incremento del turismo y la necesaria instalación de desaladoras de agua de mar. El servicio eléctrico existente hasta entonces (perteneciente a inversiones de capital privado, no siempre bien avenido) apenas si conseguía abastecer adecuadamente a Las Palmas de Gran Canaria, a Santa Cruz de Tenerife, y otras pocas poblaciones más, aunque más precariamente llegaba a algunos núcleos menores con el correspondiente menoscabo en la calidad del servicio. En esta situación, el INI comienza a intervenir en las Islas, y entre sus primeras decisiones está el traslado de la central eléctrica flotante NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ a Canarias.

Hacia mediados de septiembre de 1962, sería llevado hasta Tenerife por el remolcador RA-3 de la Armada Española −este remolcador también había navegado con la bandera de la Royal Navy durante la II Guerra Mundial−. Después de unos treces días de navegación tras la estela del RA-3, el NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ arribó al puerto de Santa Cruz de Tenerife, quedando amarrado en el ángulo de la dársena sur, desde donde de inmediato comenzó a suministrar electricidad a gran parte de la Isla, y lo hizo fielmente durante once años, convirtiéndose en todo un referente en la historia del Puerto de Santa Cruz de Tenerife.

En 1969, el INI se hizo con el control de la empresa eléctrica privada UNELCO (Union Electric Company) que suministraba electricidad en Canarias, mediante la compra a su propietario norteamericano, dando nacimiento a la UNELCO pública, que con su capacidad inversora permitió que por fin en 1983 se lograra hacer llegar el suministro eléctrico a todo el Archipiélago, optimizándose progresivamente los parámetros de calidad del servicio.

El suministro de electricidad del NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ se mantuvo en Santa Cruz de Tenerife, hasta abril de 1973, conservando siempre el buque el color gris de su pintura de guerra. En el ínterin, en la costa de Las Caletillas, en el municipio tinerfeño de Candelaria, estaba tomando forma una gran central eléctrica, capaz para el suministro de toda la Isla, siendo inaugurada a las 17:30 horas del 12 de mayo de 1973 con la denominación de “Diesel Candelaria”, con lo que los servicios del viejo AFFLECK ya no serían necesarios. Mientras tanto, siendo presidente del INI D. Claudio Boada Villalonga, el NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ fue vendido a la empresa Termolanza (Termoeléctrica de Lanzarote, que en 1975 también sería absorbida por UNELCO mediante compra), con el objetivo de destinarlo a la misma actividad en aquella Isla, ante la creciente demanda de energía eléctrica. Tras efectuarse en los varaderos de Nuvasa (Tenerife) las revisiones necesarias de pintura y reparaciones menores para este traslado, fue puesto nuevamente a flote y trasladado al dique sur para su aprovisionamiento. Finalmente el 5 de mayo de ese mismo año fue despedido en el puerto santacrucero. Con su marcha, Santa Cruz de Tenerife y su puerto perdieron uno de sus referentes de identidad.

El NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ sería utilizado como central eléctrica flotante en Lanzarote, permaneciendo amarrado en Puerto Naos (delante del faro). De aquel uso ha quedado como testigo hasta hoy los restos del transformador de electricidad que conducía su energía hasta tierra. Primeramente abasteció de electricidad a la potabilizadora para, posteriormente, prestar servicios para UNELCO. Hacia finales de 1981 el buque se encontraba en franco deterioro, debido a que en las instalaciones portuarias de Lanzarote no había una zona adecuada ni herramientas ni el personal suficiente para el calibre de mantenimiento que necesitaba.

Y un buen día, el viejo y cansado NUESTRA SEÑORA DE LA LUZ como mismo llegó a Canarias, se marchó, pausado, sin ruido, con mucha discreción, y probablemente así llegó a Cádiz, para ser internado en el Arsenal Naval de La Carraca, donde al parecer permaneció en su último tramo de vida. Oscuro final para tan luminosa existencia.

Desde las páginas de http://www.escoben.tk/ animamos a cualquier persona que conozca el fin de este buque a que contacte con nosotros a través del correo escoben@gmail.com . Necesitamos terminar esta historia inacabada para poder rendir nuestro sencillo homenaje al viejo “barco de la luz”.
© Ramiro y Coral González.
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(1) Disposición de las piezas de artillería en una fila paralela, de modo que la pieza instalada en la fila siguiente corresponde al medio del hueco de la fila anterior, formando entre los ejes de las tres piezas un triángulo equilátero.
(2) Línea curva con el arco hacia abajo, entre los extremos de popa y proa más altos.
(3) U-91: construido en los astilleros Flender Werke AG, Lübeck-Siems, y botado el 30 de noviembre de 1941. Era del tipo VII-C, 571 tn. en superficie y 769 tn. en inmersión. Eslora: 67 m., manga: 6,10 m. y 4,60 m. de puntal.
(4) U-358: construido en los astilleros Flensburger Schiffbau Gesellschaft, Flensbur, y botado el 30 de abril de 1942. Era del tipo VII-C.
(5) U-392: construido en los astilleros Howaldtswerke AG, Kiel-Gaarden, y botado el 10 de abril de 1943. Era del tipo VII-C.
(6) Sir Bertram Home Ramsay (1883-1945): retirado en 1938 y vuelto al servicio activo en 1940, fue comandante en jefe de la flota de desembarco de Normandía.
(7) U-1191: construido en los astilleros F. Schichau GbmH, Danzig, y botado el 6 de julio de 1943. Era del tipo VII-C.
(8) U-486: construido en los astilleros Deutsche Werke AG, Kiel-Gaarden, y botado el 12 de febrero de 1944. Era del tipo VII-C.
Para saber más del remolcador RA-3: http://escoben.blogspot.com/2003/06/ra-3.html

Fuentes:
Periódico El Día, de Tenerife, de 2 de mayo de 1973: artículo de J. A. Padrón Albornoz.
Periódico El Día, de Tenerife, de 6 de mayo de 1973: artículo de F. Ayala.
Página web http://www.u-historia.com/

Agradecimientos:
A la Revista digital “Web de Lanzarote.Com”.
Al Servicio de Atención al Cliente de la Autoridad Portuaria de Cádiz.
A la Revista digital NU2-Revista de mar y arte de Lanzarote.
A la Redacción de la Revista MASS CULTURA.
Y muy especialmente a la Comandancia Militar de Marina de Cádiz – AMARDIZ.

TEIDE

A lo largo de la Historia de la Navegación, desde los fenicios hasta hoy, uno de los mayores inconvenientes de las travesías oceánicas siempre ha sido la capacidad de suministro en alta mar para mantener la navegación en condiciones operativas. Así visto, se entiende cómo el cabotaje está casi en el origen mismo de la Navegación y cómo la duración de los viajes por mar podía quedar condicionada, entre otros factores, por la previsión del almacenaje de suministros desde el mismo momento de zarpar o por las posibilidades logísticas de abastecimiento en puertos dentro de la ruta. A este problema, difícil de solucionar, que en sus inicios se limitaba a víveres y agua, vino a añadirse a finales del siglo XIX el enorme volumen de carbón necesario para alimentar aquellas vetustas calderas, y, más modernamente, las toneladas de fuel-oil o el gasoil con que las modernas plantas motrices de los buques los mantienen competitivos en capacidades y tiempos.





En España, una vez terminada la Guerra Civil en 1939, se tuvo plena constancia de que la Flota española se encontraba en una situación notablemente mejorable; el conjunto de efectivos de la Armada no solo había quedado mal parado por la contienda sino también por la carencia de medios, más económicos que técnicos, con que rehabilitarla. En cuanto a las unidades de suministro de la Armada Española en los años cuarenta del siglo XX, solo se limitaba a un único buque petrolero, el PLUTÓN, ex CAMPILO, construido en los años treinta, (había pertenecido a la Marina de la República, llegando a participar en la Guerra Civil), el cual se había quedado claramente obsoleto. Ante la perentoria necesidad de tener en servicio buques de suministro más modernos, surge un plan para la construcción de un nuevo petrolero, basado en los de tipo T-5 del programa de construcción de buques mercantes de la Empresa Nacional Elcano, la resultante de la antigua “Gerencia de Buques Incautados” de los años veinte.

Nació así el proyecto, con el número 72, que sería aprobado por el entonces Ministro de Marina, D. Salvador Moreno Fernández (1), el 2 de febrero de 1952, dentro del denominado Programa de Modernización. Aunque de inmediato se iniciaron los trámites para su construcción, esta se retrasó notablemente por la carencia de presupuesto debido a la urgencia de hacer frente a las deudas contraídas con anterioridad. No obstante, no se perdió el tiempo. Se le fueron aplicando cambios al diseño con el fin de disminuir gastos y añadir elementos de otros proyectos ya experimentados.

Por fin, el día 10 de noviembre de 1954, en los astilleros de Bazán en Cartagena, con el número de trabajo 111, fue colocada la quilla construyéndose con óptima rapidez. Fue bautizado el 13 de julio de 1955 con el nombre del pico más alto de España, TEIDE. Entre agosto y septiembre de 1956 se desarrollaron las pruebas de mar con los resultados satisfactorios que se esperaban. En noviembre de ese mismo año fue dado de alta en la Lista Oficial de Buques de la Armada y entregada a esta, pintado de gris, en perfecto estado de revista y dotado con 100 miembros de tripulación.

Su línea era más comercial que militar a lo que contribuía una roda muy lanzada que le daba un aspecto muy marinero del que destacaba el escaso francobordo de su parte central. Sus dimensiones no eran desdeñables: 117,50 m. de eslora, 14,80 m. de manga, 7,95 m. de puntal y un calado de 6,88 m. todo ello para un desplazamiento de 8.190 tm. Su planta motriz constaba de dos motores diesel Burmeister & Wain fabricados bajo licencia por la Naval de Sestao que movían una hélice de 3 palas con 2,73 m de diámetro y expulsaban sus humos a través de una chimenea que sobresalía en la superestructura de popa; la maniobrabilidad se lograba con un timón de tipo semicompensado. Presentaba un inconveniente: su velocidad de 12 escasos nudos a plena carga, aunque navegando en lastre conseguía llegar a los 13,5 nudos con una autonomía de 10.000 millas.

Tenía una capacidad de carga de 5.300 metros cúbicos de productos derivados del petróleo repartidos en cinco tanques colocados entre la proa y la zona central del buque ocupando unos dos tercios de la eslora, la maquinaria, puente, equipo de comunicación y alojamientos se ubicaban en el resto. En un principio fue dotado con un equipo de radar de la firma Marconi, pero fue sustituido por otro de la marca Decca en una de las modificaciones a la que fue sometido.

Al tratarse de un barco construido para la Armada se tuvo la previsión de hacer una preinstalación para la colocación de piezas de artillería para el caso de tener que entrar en combate, y no se olvidó reservar un espacio específico para las municiones con capacidad para 192 proyectiles de 120 mm y 2.000 de 40 mm, el resto de la munición iría en sus cajas en zonas de almacenamiento en pañoles acondicionados para ello. Después de algunos retoques al proyecto inicial, su defensa artillera estaría compuesta por un cañón de 120 mm que se colocaría en la popa guiado por radar, cinco cañones Bofors de 40 mm, situados dos a cada banda en la cubierta de toldilla y el quinto en el castillo; dos cañones Oerlikon de 20 mm colocados en los alerones del puente completaban el equipo de defensa.

El petrolero auxiliar de Flota TEIDE se ideó para que fuese capaz de abastecer de combustible a otros buques en navegación, pero este sistema no estaría preparado hasta el año 1963 debido a varios retrasos. La propuesta inicial de la Empresa Nacional Bazán en 1955 fue rechaza por la Armada dado que iba llegando nueva información referente a los avances tecnológicos que en ese terreno se iban haciendo. Sería a partir de 1956 cuando comenzó a recibirse materiales procedentes de Estados Unidos para las nuevas instalaciones, los cuales, sin embargo, fueron utilizados en la renovación del veterano petrolero PLUTÓN ya que Bazán había comenzado una completa remodelación de las instalaciones del TEIDE, eso sí, a cargo de los dólares de la ayuda americana. En aquella época, este pequeño petrolero estuvo transferido a CEPSA (Compañía Española de Petróleos, S.A., fundada en 1929) para el traslado de productos derivados del petróleo desde la refinería de Santa Cruz de Tenerife a diversos puertos tanto españoles como de algunos puntos de África.



Pocos años después se procedió en el TEIDE a la instalación de dos estaciones de suministro, una por cada costado hacia la mitad de la eslora con el objeto de poder abastecer a dos buques simultáneamente, uno a cada banda. Ambas estaban dotadas de sendos sistemas de bombeo con capacidad para trasvasar 300 toneladas de combustible por hora. Estos trabajos no se desarrollaron al mismo tiempo; en primer lugar, en 1961, se instaló la de la banda de babor probándose en unas maniobras con resultado favorable. La segunda fase tuvo lugar en enero de 1962; aprovechando unos trabajos de revisión y reparación se le instaló el otro sistema de abastecimiento así como una renovación del sistema de seguridad interior del buque. Después de varias pequeñas reformas se redujo sensiblemente su desplazamiento, quedando en 2.743 t. en lastre y 8.030 t. a plena carga. A partir de este momento fue destinado a misiones en el seno de la Armada, disminuyendo paulatinamente el trabajo que desarrollaba para empresas privadas. Fue también la época en que, por fin, se le asignó numeral, pasando a ser el BP-11 (buque petrolero). En septiembre de 1980 pasó a designarse AP-11 y seis años después ya se quedaría definitivamente con la marca de costado A-11.

En 1969 el petrolero TEIDE fue consignado para una misión directamente relacionada con la Historia de España. El 12 de octubre de 1968 fue proclamada oficialmente por la ONU la independencia de Guinea Ecuatorial, colonia española hasta aquel momento. Acto seguido, el presidente de la recién constituida República, Francisco Macías Nguema (1922-1979) comenzó a tomar medidas que vinieron a enardecer a las masas, degenerando estas en amenazas contra intereses españoles (aumento de inseguridad, disturbios, quema de iglesias…), haciendo considerar muy seriamente a los españoles que allí vivían la posibilidad de regresar a la madre patria. Comienzan a salir hacia España los primeros barcos y aviones llenos de familias españolas. Debido a lo muy inestable de la situación, el Gobierno español da orden de movilizar un convoy de la Armada ―el transporte de ataque TA-11 ARAGÓN, el transporte de ataque TA-21 CASTILLA (ambos equipados con infantes de marina con armamento ligero y equipo naval de playa, y una unidad de zapadores), y el crucero CANARIAS con el Comandante General de la Flota a su bordo― que se hace a la mar a medianoche del 3 de marzo de 1969 en dirección a las costas de Guinea, donde ya se encontraban la corbeta DESCUBIERTA y el cañonero PIZARRO, con el fin de proteger y garantizar la evacuación de los ciudadanos españoles a bordo de los buques mercantes VILLA DE BILBAO, ERNESTO ANASTASIO, CIUDAD DE TOLEDO Y RÍO FRANCOLÍ. Pues bien, junto a todos ellos navegaba el TEIDE, con sus tanques llenos, listo para satisfacer las necesidades de combustible de la flotilla. De hecho, en una ocasión se vio obligado a hacer un viaje al puerto de Luanda, Angola, para rellenar sus tanques. Por último, finalizada la evacuación, el 5 de abril zarparon el CASTILLA, el ARAGÓN, el PIZARRO y la DESCUBIERTA acompañados por el fiel TEIDE de regreso a España dejando atrás las aguas guineanas, poniendo así punto final a la presencia española en la recién estrenada República de Guinea Ecuatorial.

El inexorable paso del tiempo y los innovadores avances tecnológicos hicieron que el TEIDE fuera quedando poco a poco cada vez más anticuado y obsoleto, inspirando la idea de ser necesaria su pronta sustitución. Pero la carencia de financiación iba dilatando en el tiempo la decisión de despacho que lo terminaría llevando a un sombrío aunque esperado destino. Finalmente, esta decisión llegó, el día 30 de junio de 1988 fue retirado de la Lista Oficial, tras treinta y dos años de servicio. En el Arsenal de Cartagena le fue sacado todo el armamento y apartado del servicio. Pero aun viviría su última aventura al sufrir un pequeño incendio en 1990 durante el rodaje de una película americana “Navy Seals”, protagonizada por el actor Charlie Sheen, en el que el TEIDE “interpretaba” el papel de un mercante secuestrado por terroristas árabes. La película tuvo pésimas críticas.

Su vacío no sería ocupado hasta junio de 1991 cuando entró en servicio el Petrolero de Flota A-11 MAR DEL NORTE, más tarde rebautizado MARQUÉS DE LA ENSENADA de 13.247 tons. apc, ya preparado no solo para suministrar combustible en alta mar, sino también agua y víveres; incluso posee un helipuerto, detalles que siempre se echaron a faltar en el TEIDE; más recientemente, concretamente en 1995 entró en servicio el moderno Buque de Aprovisionamiento de Combate A-14 PATIÑO de 17.050 tons. apc que viene a complementar al anteriormente mencionado.

© Coral y Ramiro González.

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(1) D. Salvador Moreno Fernández (1866-1966), fue el cuarto comandante del buque-escuela de la Armada Española JUAN SEBASTIÁN DE ELCANO (entre 1933 y 1935), y Ministro de Marina con varios Gobiernos de Franco:
En el II Gobierno: de agosto de 1939 a mayo de 1941.
En el III Gobierno: de mayo de 1941a septiembre de 1942.
En el IV Gobierno: de septiembre de 1942 a julio de 1945.
En el VI Gobierno: de julio de 1951 a febrero de 1956.
En el VII Gobierno: de febrero de 1956 a febrero de 1957.

Principales fuentes consultadas:

“Buques de la Armada Española – la ayuda americana y el programa de modernización”. Autor: Juan Luis Coello Lillo. Aldaba Ediciones.


EL TRIÁNGULO DEL MIEDO

Si hay una leyenda marina extendida y conocida de uno a otro confín, es sin duda la de un triángulo resultante de unir Melbourne en Florida, Bermuda y Puerto Rico, quedando a uno de sus lados las Bahamas, cubriendo 3.900.000 Km² en cuyas profundidades se hallan las Llanuras Abisales de Hatteres y Nares y sobre las cuales se encuentra el Mar de los Sargazos, la zona popularmente conocida como el Triángulo de las Bermudas.




Decenas de libros y artículos describen detalladamente en esta zona fenómenos anómalos capaces de inquietar a las almas más sensibles. Es complejo entrar en la historia de una serie de acontecimientos que ha llegado hasta nuestros días, sin poder inferir donde termina la certeza y comienza la alucinación, o cuando menos, la interpretación incorrecta de hechos quizá explicables.

La primera noticia de la que disponemos sobre un mar tenebroso se remonta a la época de cartagineses y fenicios, quienes celosos de preservar los negocios que hacían con los pueblos de las costas americanas, −de cuya presencia quedaron algunos recuerdos en forma de monedas o inscripciones en unos pocos puntos de América− amenazaban con pena de muerte a aquellos que osaran revelar la existencia de una tierra más allá de lo conocido. Sería Cristóbal Colón, quien muchos siglos después describiera experiencias insólitas en lo que a la navegación se refiere, esto es, un extraño brillo en unas aguas increíblemente blancas, no muy lejos de las Bahamas y cuando ya había anochecido, un mar lleno de algas que le daban un aspecto turbadoramente inmóvil y, un poco más allá, hacia el oeste, un arco de fuego que cruzaba el cielo yendo a desaparecer en medio del océano, a lo que hay que unir una incomprensible alteración del compás.

En 1964, se le puso nombre al lugar. Fue el escritor Vincent H. Gaddis quien lo definió por primera vez como “Triángulo de las Bermudas” en un artículo que escribiera para la revista Argosy, haciéndose eco de algunos supuestos incidentes ocurridos en aquella zona. Pero sería una década más tarde, en 1974, cuando el lingüista Charles Berlitz publicó su libro El triángulo de las Bermudas del que vendió millones de ejemplares en todo el mundo. En él se describen un sinnúmero de desapariciones en extrañas circunstancias y da dos originales explicaciones, de un lado, las desapariciones se deben a la abducción por parte de naves extraterrestres y por otro, la autodefensa de la aún existente civilización atlante, hundida en el Atlántico junto a un potentísimo cristal que ejercería interferencias en los equipos de navegación de los buques y aviones que por allí pasan. Pero no son estas las únicas teorías que se han manejado a lo largo de los años: un vórtice espacio-temporal que llevaría a barcos, aparatos y ocupantes a otra dimensión, maniobras en una base del Ejército americano, ataques de monstruos marinos y cualquier otra criatura de la imaginación humana.

Así se pretendería justificar la desaparición de hasta cien barcos y aviones, y entorno a mil personas de los que no se ha hallado ni rastro, aunque esto último no es del todo exacto, en ocasiones han aparecido barcos a la deriva, temporalmente dados por perdidos, sin su tripulación a bordo, siendo el más conocido el caso del MARY CELESTE; también resulta llamativa la ausencia de restos de los naufragios en las costas adyacentes, lo que favorece el incremento del tamaño de la leyenda. Y estas desapariciones han afectado a todos, desde la marina mercante hasta el ejército de los Estados Unidos.

Una de las vivencias más pintorescas que ha experimentado esta zona fue el exorcismo al que la sometió un sacerdote apellidado Omand quien, convencido de que en los tiempos del tráfico de esclavos procedentes de África, muchos de ellos, por diversas razones, fueron lanzados al mar sin contemplaciones, provocando así algún tipo de maldición. Por lo que en 1978 hizo su exorcismo, echó agua bendita al Atlántico y se fue para su casa. Días después un Boeing 727 tuvo problemas durante un vuelo en el Triángulo, pero pudo salir con bien del trance lo que se le achacó al exorcismo. O eso se dice.

Tal como surgió la hipótesis de un punto caliente en el mundo de lo paranormal, salieron también los escépticos a los que el sentido del ridículo les es ajeno, utilizando otros tantos disparates para refutar las hipótesis de los «misteriólogos», y sorprendieron a lectores y oyentes con lindezas del tipo de pilotos o marineros inexpertos, suicidios colectivos, ataques de locura masivos, piratas (¿que no dejaban ni rastro?), falta de combustible o averías técnicas (¿sin comunicaciones radiofónicas?), ondas infrasónicas provocadas por tempestades…

Pero, pero, pero… por esa zona circulan a diario decenas de barcos y aviones que no han referido incidente alguno. Es más, buena parte de los barcos y aviones supuestamente desaparecidos o nunca existieron o sus accidentes están perfectamente fundamentados y con una posición fijada en puntos muy distantes de tan temible localización del planeta. De hecho, se han reseñado incidentes en ese lugar en supuestas condiciones meteorológicas óptimas para la navegación, cuando en posteriores investigaciones sobre los mismos se vino a confirmar la presencia de tempestades en la misma zona, como lo constata la exhaustiva investigación llevada a cabo por Larry Kusche, bibliotecario de la Universidad del Estado de Arizona, quien pacientemente investigó los sesenta casos que le parecieron más llamativos, y tituló este trabajo El Triángulo de las Bermudas, caso resuelto publicado en 1977 y confirmados estos datos por los archivos de la Guardia Costera de Estados Unidos; y no debemos olvidar que es una región azotada con frecuencia por huracanes y tormentas tropicales.

En este punto, debemos destacar que en el Mar de los Sargazos la declinación magnética (*) llega a alcanzar una diferencia de hasta 22º, por lo cual hay que ser muy rigurosos a la hora de trazar la ruta a seguir. También es preceptivo tomar en consideración que, envolviendo completamente este Triángulo, vienen a confluir algunas de las corrientes marinas más fuertes del mundo: desde las costas de Florida y de sur a norte, fluye la Corriente cálida del Golfo que se encuentra con la Corriente del Labrador en Terranova fluyendo en dirección SSW, la corriente Norte-Africana que pasa por Canarias envolviendo el Mar de los Sargazos por el Este, y la corriente Norte-Ecuatorial que lo cierra por el Sur en dirección Oeste. En suma configuran una fenomenología meteorológica tan especial como para crear y alimentar ciclones de manera casi súbita.

Con todo, el Triángulo de las Bermudas no es la única zona con este tipo de “anomalías” existente en el planeta. Según algunos investigadores del tema, existen hasta doce lugares semejantes situados todos entre las latitudes 30° y 40°, al sur y al norte del Ecuador y que se originan a intervalos regulares. Entre ellos también destaca el Mar del Diablo, que se localiza entre Iwo Jima y las islas Bonin, al sur de Japón, constatándose históricamente como un lugar peligroso tanto para el tráfico marítimo como para el aéreo.

El auténtico misterio que rodea al Triángulo de las Bermudas, o también conocido como El Limbo de los Perdidos o El Cementerio de los Barcos Perdidos, es la fascinación que ha despertado en millares de personas a lo largo de los últimos tiempos y que nunca deja de ser satisfecha por nuevas tesis, emergentes día tras día de la fecunda imaginación de muchos, quienes ignorando las explicaciones científicas producidas por investigaciones serias, persisten en la idea de que en la Tierra hay puntos de comportamiento inexplicable, negándose a entender que nuestro planeta es, ya de por sí, un lugar mágico siempre sorprendente por la Naturaleza que tantos y tan buenos regalos nos hace desde el preciso y precioso instante de su creación.

Quizás las verdaderas respuestas se encuentran a la sombra de alguna ola, esperando únicamente a quien tenga la osadía de plantear las preguntas correctas.

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(*) Declinación magnética: ángulo que forma el meridiano magnético con el astronómico.

©Coral González
Fuentes:

“El Triángulo de las Bermudas”, de Charles Berlitz. Mundo Actual Ediciones, S.A. 1977.
“El Triángulo Mortal de las Bermudas”, de Alejandro Vignati. ATE 1975.