viernes, 14 de noviembre de 2008

LA REINA VICTORIA DEL SIGLO XXI




Desde los inicios de la Navegación, viajar en un barco suponía un sinfín de incomodidades y fatigas, además de un componente importante de incertidumbre, lo que obligaba a emprender largos viajes por mar sólo por necesidades imperiosas e ineludibles. Las postrimerías del siglo XIX trajeron consigo los buques mixtos de vela y motor que principalmente se dedicaban al transporte de pasajeros entre Europa y América, es decir, los primeros trasatlánticos. La evolución constructiva de los vapores llevó a la especialización en buques exclusivamente para el transporte de personas. En un principio, y copiando la distribución de los veleros, los camarotes se ubicaron a popa, en el interior del casco, donde la vibración de la hélice hacía la estancia muy penosa, lo que obligó, en los nuevos diseños, a trasladarlos hacia el centro de la nave haciendo la travesía algo más grata. Tiempo más tarde, nuevos proyectos incorporaron salones sobre la cubierta; pero el gran cambio lo impulsaron los ingenieros navales alemanes, construyendo trasatlánticos con grandes superestructuras, donde fueron ubicados los camarotes y grandes salones aunando confort y lujo. El gran acierto obtenido ha llegado hasta nuestros días. Y las naciones constructoras de trasatlánticos comenzaron a diseñarlos de forma que su nacionalidad fuese fácilmente distinguible.

No tardaron los trasatlánticos en experimentar un auge extraordinario donde se viajaba tanto por necesidad como por placer, pero a finales de la década de los años sesenta del siglo XX, el desarrollo de las líneas aéreas, con su velocidad, acercó en tiempo los puntos geográficos más distantes provocando el declive de aquellos grandes barcos cuyas figuras eran tan familiares como atractivas en los puertos donde atracaban.

No fue fácil para las Compañías navieras la supervivencia durante la segunda mitad del siglo XX, en la que los otrora reyes de la mar, fueron sucumbiendo uno detrás del otro en los ignominiosos desguaces, sobreviviendo solo un reducido puñado de ellos, para satisfacer a aquellos acaudalados turistas ávidos de un modo diferente de emplear sus vacaciones.

Nada hacía presagiar que el nuevo milenio traería consigo, no solo un desarrollo económico para muchas familias nunca soñado, sino el resurgir de una atracción por recuperar el encanto de viajar apaciblemente por los mares, haciendo escala en diferentes ciudades de evocadores nombres.

No ajenos a esta nueva demanda, emblemáticas Compañías de Navegación se pusieron nuevamente manos a la obra y comenzaron a diseñar buques que complacieran estas nuevas necesidades, así, la Cunard Line, perteneciente desde 1984 a la Carnival Corporation de Miami, inauguró en enero de 2004 el QUEEN MARY 2, que con sus 345,03 metros de eslora máxima es el buque para cruceros más grande jamás construido e, inmediatamente, procedió a llevar a cabo otro ambicioso proyecto, el QUEEN VICTORIA, mandado a construir en los astilleros italianos Fincantieri de la factoría de Porto Marghera, cerca de Venecia, con la idea de conseguir un buque, en este caso el segundo mayor del mundo, que también fuese digno representante de la tradición naviera de la ya mencionada Compañía.

El contrato de construcción del QUEEN VICTORIA 2 fue firmado el 3 de diciembre de 2004 y las obras comenzaron el 19 de mayo de 2006, sobre un proyecto presupuestado en unos 338 millones de libras esterlinas y que precisaría del trabajo de unos 3.000 operarios para darle forma a un gran trasatlántico de la clase “Vista”, −esta clase debe su nombre al gran porcentaje de espacio que está orientado a las vistas al mar−.

Fue botado el 15 de enero de 2007 en una ceremonia amadrinada por la señora Mauren Ryan, una de las empleadas más veteranas de Cunard. Una vez terminados los trabajos, en el mes de julio de ese mismo año, se procedió a iniciar las pruebas de navegación, siendo satisfactorias. Fue entregado a sus dueños en los astilleros el 24 de noviembre, en una ceremonia que tuvo lugar en el interior del barco, siendo los invitados de honor el primer ministro italiano Romano Prodi y el subsecretario de Estado británico, Jim Fitzpatrick. En el transcurso de la misma, y tras los discursos protocolarios, se arrió la bandera italiana y se izó por primera vez la británica bajo los acordes de la banda de música de la Guardia Escocesa. Durante cuatro días permaneció en el puerto italiano abierto a la visita de 7.000 invitados. Seguidamente se dirigió hacia Sauthampton, su puerto base y donde fue recibido con todos los honores.

El lunes día 10 de diciembre, ante 2.000 invitados acomodados en un auditorio, anexo a la terminal de cruceros, especialmente acondicionado para el evento, fue bautizado por Camilla Parker Bowles, Duquesa de Cornualles, manteniendo así la tradición, pues los otros QUEEN también fueron bautizados por miembros de la Familia Real británica. Durante la ceremonia tuvo lugar un incidente muy grave para los supersticiosos: la botella no se rompió.

Desde el primer vistazo la estampa del QUEEN VICTORIA es imponente, como lo ha sido la de todos los buques de la Cunard Line, con sus colores emblemáticos, casco negro, superestructura blanca y chimenea roja, combinando el lujo del siglo XIX con la tecnología del siglo XXI. Podemos así admirar un formidable trasatlántico de 90.049 toneladas, 297 m. de eslora, 36,60 m. de manga, 62.50 m. de puntal, y 7,80 m de calado. Su planta motriz está compuesta por seis motores diesel del tipo Sulzer ZA40 fabricados por Wartsila, que le imprimen una potencia de 63.360 Kw. Posee dos ejes con sus correspondientes hélices, construidas por ABB de Finlandia. Y sus tres anclas son de gran tonelaje, como corresponde a su desplazamiento. Logra alcanzar una velocidad de crucero de 18 nudos y una máxima de 23,7 nudos. Su casco está equipado con dos estabilizadores móviles de 20 m² cada uno. Con capacidad para 2.014 pasajeros quienes tienen 13 cubiertas a su disposición, la dotación total es de 900 tripulantes. El idioma de las comunicaciones a bordo es el inglés, a pesar de que la nacionalidad de sus pasajeros es diversa.

En su interior se ha recreado con esmero una decoración evocadora del siglo XIX con todos sus lujos. En la sección de proa destaca el “Royal Courth Theatre”, inspirado por los teatros del West End londinense, con un aforo para 832 espectadores que podrán deleitarse con obras teatrales de Shakespeare y otros autores británicos y americanos. A ambos lados de esta sala se distribuyen los palcos con capacidad para 32 espectadores con camarero propio. A estos palcos tienen acceso los pasajeros de las suites de gran lujo pudiéndose alquilar por unos treinta y cinco dólares. También podemos encontrar a bordo un casino, o el “Queens Room”, un salón de baile de más de cien metros cuadrados iluminado por magníficas arañas de cristal.

La mejor oferta gastronómica a bordo se ofrece en restaurantes como “The Grills” y el “Todd English” ambos a la carta, o el “Britania” que exhibe dos niveles con columnas que soportan unos interesantes arcos decorativos, y en cuyo centro muestra un gran globo terráqueo elaborado con cristal y bronce; en cuestiones gastronómicas se ha pensado incluso en la comida Kosher, la cocina típica judía, la cual, como todos sabemos, corresponde a una cultura religiosa que prohíbe la ingesta de algunos ingredientes como el cerdo, liebre, avestruz, moluscos o mariscos entre otros. Pero también está presente el bufette, donde no se requiere etiqueta, con una buena aunque sencilla oferta gastronómica. Esta zona de ocio se halla en la cubierta número dos, desde donde se puede acceder a la planta baja de la biblioteca, cuyas grandes estanterías invitan a escoger alguno de los seis mil volúmenes en diferentes lenguas, de que consta; sus dos plantas están unidas por una llamativa escalera de caracol. La cubierta tres puede resultar sugestiva pues es totalmente acristalada y a ella llega el nivel más alto del teatro antes descrito.

El ejercicio y el relax lo podemos practicar en la cubierta nueve donde se encuentran el gimnasio y el spa. Si al salir tenemos necesidad, en esa misma cubierta están el restaurante “Lido” y el salón “Winter Garden”. Las dos piscinas animan al chapuzón, una de ellas está cubierta aunque de techo retráctil, y un relajante remojo en uno de las cinco bañeras de hidromasaje puede resultar tentador.

En la cubierta diez podemos alternar con los demás pasajeros en los clubes “Commodore” y “Hemispheres”, este último nos ofrece una vista al mar de 270º, además de disfrutar de los placeres culinarios en los restaurantes “Queen’s Grill” y “Princess Grill”. Los fumadores disponen de una sala sólo para ellos y si hay afición a las compras, diecisiete tiendas garantizan una buena oferta.

En esta misma cubierta, a popa, se encuentran las dieciséis grandes suites, de 200 m² cada una. En estos lujosísimos camarotes, con profusión de mármoles rosados en su decoración, podremos deleitarnos con champán francés, canapés variados y flores frescas todos los días, así como un mayordomo disponible a cualquier hora ofreciendo una atención personalizada. También se puede seguir cada singladura en un precioso atlas. Están equipadas con televisión por satélite, reproductor de dvd, conexión wi-fi para internet, y al estar dotadas de bonitas terrazas, se puede, incluso, cenar al aire libre; alguna de estas terrazas tiene capacidad para unas cuarenta personas, ideal para celebrar fiestas privadas. Sus felices huéspedes disponen de una piscina exclusiva además de un coqueto jardín con una bonita fuente de acceso solo autorizado para ellos.

El QUEEN VICTORIA cuenta con mil siete camarotes distribuidos en seis cubiertas. Ochocientos sesenta y cuatro son exteriores, de los cuales setecientos dieciocho tienen balcón privado. Solo ciento cuarenta y tres cabinas son interiores. Todos tienen una capacidad máxima para cuatro pasajeros y no hay ninguno individual. Veinte de los camarotes tienen acceso para sillas de ruedas.

Cunard Line, a lo largo de sus 168 años de existencia ha ido acumulando una serie de valiosos objetos que ahora exhibe a bordo del QUEEN VICTORIA en un museo, el “Cunardia”, y de cuyos mamparos cuelgan cuadros de la apreciable colección de la Compañía, valorados en alrededor de un millón y medio de euros.

El conjunto lo completa un invernadero de estilo colonial con cubierta acristalada y retráctil, y una majestuosa fuente central.

Las cubiertas están conectadas entres sí por veinticuatro ascensores, elegantemente revestidos de madera y decorados con elementos dorados y espejos ahumados. Otro de los ascensores es panorámico. También se dispone de dos escaleras mecánicas que presentan la particularidad de llevar un ingenioso sistema de autolavado incorporado. Tampoco debemos olvidar los montacargas de acero inoxidable para el transporte de las comidas desde la cocinas hasta el comedor. Todo ello instalado por la multinacional Schindler especializada en el equipamiento de transporte vertical en trasatlánticos de lujo, entre otros.

Los suelos están revestidos con llamativas alfombras confeccionadas a mano, al igual que las bellas arañas de cristal. Las maderas, nobles, proceden de África y Asia, y el mármol, cómo no, es de Carrara.

Como ya se ha citado, la decoración interior es del gusto británico, de lo que se encargaron dos equipos de diseñadores de interior de esa misma nacionalidad, para cuidar hasta el más mínimo detalle. Este ambiente majestuoso lo advierten los privilegiados pasajeros nada más poner sus pies en el gran vestíbulo de tres alturas con profusión de madera y mármol. Pero se percibe algo más. Se trata de un auténtico trasatlántico, es decir, un buque inspirado por los viejos “linieres” preparados para navegar largas travesías y por cualquier mar, a diferencia de los cruceros actuales proyectados para rutas cortas y un exceso de actividades en su interior. El QUEEN VICTORIA ha sido pensado para disfrutar del mar y de los puertos a visitar, sin el estrés al que el pasajero se ve abocado en los cruceros ordinarios. De hecho, un paseo por alguna de las cubiertas exteriores revive los recuerdos del siglo XIX, ayudado por arquibancos de madera de estilo muy clásico, que lucen su nombre grabado en el respaldo.

Al día siguiente de su bautismo, el día 11 de diciembre de 2007, comenzó su viaje inaugural al mando del capitán Paul Wright. Zarpó de Sauthampton acompañado por numerosas embarcaciones menores rindiendo homenaje a tan hermoso coloso, verdadero prodigio de la Ingeniería Naval. Se inició así un crucero de diez días por el Mar del Norte con escalas en Amsterdam, Copenhague, Oslo, Hamburgo y Brujas. Para hacernos una idea de la categoría de este buque, se hace preceptivo reseñar que para este viaje el pasaje costaba 1.590 €.

Tras regresar a su puerto de referencia comenzó su derrotero comercial con un primer crucero con destino a las Islas Canarias y dos mil cien pasajeros a bordo. Previas escalas en Vigo, Lisboa (donde pasó la Noche Buena), Gibraltar, Málaga y Funchal llegó al Puerto de los Mármoles en Arrecife de Lanzarote. Allí, las autoridades locales dieron la bienvenida a los pasajeros mientras un grupo folclórico amenizaba el momento con canciones tradicionales de la tierra, al tiempo que se les ofrecía a los visitantes delicias gastronómicas y bebidas típicas. A las pocas horas zarpó hacia el puerto de Santa Catalina en Las Palmas de Gran Canaria; allí también las autoridades recibieron, en medio de una bonita fiesta al QUEEN VICTORIA en su primera escala en dicho puerto. A lo largo del día los viajeros disfrutaron de una visita a los puntos más emblemáticos de la Isla de Gran Canaria, aunque no todos los pasajeros, setenta y ocho de ellos debieron permanecer en sus camarotes aquejados de una salmonelosis que desarrollaron durante el viaje, algunos se acordaron del incidente de la botella que no se rompió en la inauguración; y a la puesta de sol zarpó hacia la vecina Isla de Tenerife.

Al puerto de Santa Cruz de Tenerife llegó a las ocho de la mañana del último día del año 2007 con la clara intención de celebrar la Noche Vieja en la isla, en compañía de los remolcadores que salieron a darle la bienvenida en medio de grandes chorros de agua proyectados hacia el cielo. También allí las autoridades lisonjearon a los pasajeros y entregaron la tradicional metopa de la ciudad. A lo largo del día, los cruceristas tuvieron la oportunidad de hacer turismo por la isla y a última hora, coincidiendo con la media noche, disfrutaron con el resto de ciudadanos de Santa Cruz de un espectacular castillo de fuegos artificiales. Finalmente, a las dos de la tarde del día uno de enero, puso rumbo a Sauthampton siendo despedido por cientos de curiosos que se habían acercado a ver tan magnífico buque.

La visita del QUEEN VICTORIA no es casual, la Cunard Line tiene a las Islas Canarias entre sus puertos favoritos no solo por sus paisajes, con las clásicas «plantaciones de plátanos» y atractivas playas, sino por su Historia, puertos que fueron parada y fonda de la Flota de Indias, atacados por famosos piratas de los siglos XVII y XVIII y, concretamente, el de Santa Cruz de Tenerife, escenario de la única derrota del contraalmirante Horacio Nelson (donde perdería su mano derecha), lo que hizo famosa la ciudad en Gran Bretaña y, paradójicamente, atrajo la visita de notables súbditos de Su Graciosa Majestad. De hecho, la ciudad de Santa Cruz de Tenerife ostenta la única calle en España dedicada a tan insigne marino inglés. Esta relación entre la Cunard Line y las Islas Canarias se refleja en su programa de viajes para el año 2009: en diciembre está previsto que el QUEEN VICTORIA realice un crucero por estas Islas bajo el epígrafe de “Fiesta en las Canarias”, donde tocará puerto en Lanzarote, La Palma, Gran Canaria y Tenerife.

Apenas llegó a Sauthampton tras su primer viaje comercial, comenzaron en el QUEEN VICTORIA los preparativos para iniciar su primera vuelta al mundo. Un viaje de ciento siete días para atracar en los puertos de treinta y siete ciudades en veintitrés países, destacando Los Ángeles, Auckland, Sidney, Bangkok, Singapur, Kuala Lumpur, Mumbai, Dubai, Atenas y Barcelona, atravesando el Canal de Panamá.

En este viaje se darían dos circunstancias que avivarían la expectación. El 13 de enero de 2008 por primera vez en ciento sesenta y siete años, la Cunard Line reunió a sus tres “reinas”. El acontecimiento tuvo lugar en Nueva York, a las tres de la tarde. El siguiente evento se verificó algunos días después, en Sydney donde tuvo lugar el encuentro de dos de estos buques, el QUEEN VICTORIA en su primera vuelta al mundo y el QUEEN ELIZABETH II en su viaje de despedida, pues a finales de este mismo año está prevista su entrega a los nuevos propietarios, la Dubai World, de Dubai para convertirlo en hotel flotante de lujo. El silbido que les caracteriza fue el emotivo saludo que se dedicaron ambos trasatlánticos y que se pudo escuchar a dieciséis kilómetros de distancia.

Esta vez, la Cunard Line tampoco quiso olvidar Canarias en su itinerario haciendo escala en Santa Cruz de Tenerife, a donde llegó a última hora de la mañana del sábado 26 de abril procedente de Funchal con 2.000 pasajeros a bordo; a las diez de la noche pondría rumbo al puerto de Las Palmas antes de regresar a su puerto de origen.

La Cunard intenta recuperar un estilo de viaje de placer que, en cierta medida, se estaba empezando a perder. Sus “reinas”, QUEEN MARY 2, QUEEN VICTORIA, y QUEEN ELIZABETH II a sustituir en breve por otro buque del mismo nombre, evocan aquellos tiempos en que pasear por las cubiertas de un trasatlántico era un acto social y no un correr hacia la nueva “actividad lúdica”. No son cruceros donde se relacione el «no hacer nada» con el vil aburrimiento al que hay que perseguir por todas las cubiertas; de hecho, el concepto de entretenimiento se limita a servir el té a las cinco en punto, y ocasionalmente celebrar algún baile de disfraces, entre otras actividades muy puntuales. Tal vez por todo ello, aunque el precio del pasaje medio para dar la vuelta al mundo en camarote estándar en el QUEEN VICTORIA asciende a unos 14.675 €, en una de las suites de lujo el pasaje cuesta unos 210.000 £. el interés por restablecer el viaje de placer y la confianza en la reputada experiencia de la Cunard Line, provocó la reserva de la totalidad de los billetes con un año de antelación, antes incluso de que fuese terminada su construcción. Y en los próximos años, su labor turística está garantizada efectuando numerosos cruceros por el Mediterráneo, el Caribe o sugestivas vueltas al mundo, con precios medios que oscilan entre los 2.270 € por un paseo por el Mediterráneo, con escalas en Palma de Mallorca o Barcelona, y los 31.070 € de una vuelta al mundo, con escalas en puntos del planeta tan fascinantes como Nueva York, Honolulu, Sidney, Saipan, Shangai, Bangkok, Singapur, Dubai, Alejandría, Estambul, El Pireo, Barcelona entre otros muchos.

Al momento de cerrar este artículo, noviembre de 2008, el QUEEN VICTORIA se encuentra en el Mediterráneo realizando el crucero “Maravillas de la Antigüedad II”, estando prevista su presencia en puertos como El Pireo, Estambul, La Valetta o Nápoles.
Desde las páginas de esta publicación digital, deseamos al QUEEN VICTORIA una larga vida colmada de buenas singladuras y buena mar.

©Coral y Ramiro González

EL MALEFICIO DE LA CLASE PROTEUS


El Triángulo de las Bermudas es una de las zonas más misteriosas de nuestro planeta, leyenda o verdad, mito al fin, lo cierto es que ha hecho correr más que ríos, océanos de tinta. La misteriosa desaparición de aviones y buques que surcaron los aires o aguas fijados en el triángulo obtenido de unir mediante una línea Bermuda, Puerto Rico y Florida y con una superficie de más de tres millones de kilómetros cuadrados, ha suscitado numerosas dudas explicadas por los estudiosos de los misterios y por los escépticos. Nombres de barcos como ROSALIE, ATALANTA, MARY CELESTE han saltado a la Historia por haber protagonizado extrañas aventuras precisamente en aquel lugar. Y el CYCLOPS es uno más de esos misterios, con una diferencia…

El CYCLOPS era un buque carguero perteneciente a la Armada norteamericana. Fue construido en los astilleros navales de la Marina estadounidense, medía 150 m. de eslora y desplazaba 19.000 trb.

En la primavera de 1918 zarpó de Barbados con destino a Norfolk, Virginia, cargado de mineral de manganeso usado para la producción del acero utilizado en la fabricación de armas y munición. Llevaba una tripulación compuesta por 309 hombres y, según algunas fuentes, también llevaba a bordo al ex cónsul general de los Estados Unidos en Brasil y algunos marineros detenidos trasladados para ser juzgados. Su capitán, nacido en Alemania, cambió su apellido Wichmann por el menos europeo Worley; se trataba de un hombre extravagante, del que se rumoreaba que se paseaba por la cubierta en ropa interior y con una chistera mientras fumaba en pipa.

Aparentemente el viaje transcurría sin novedad, o al menos eso se deducía del último mensaje emitido por el CYCLOPS en el que se mencionaba la bonanza del tiempo y la buena marcha del barco. Nunca más se volvió a saber de este carguero. Se especuló con muchas posibilidades: el choque con una mina, el ataque de un barco o submarino enemigo (en ese tiempo se estaba desarrollando la Primera Guerra Mundial), una tormenta inesperada, el motín de una tripulación hastiada de las excentricidades y tiranías de su capitán, la deserción y entrega de este a los alemanes… Pero no hay constancia de la presencia de enemigos en la zona ni tampoco de una tormenta, lo cierto es que el CYCLOPS, sencillamente, se evaporó. Y aquí podríamos dejarlo como un caso más del Triángulo de las Bermudas, pero es que…

El CYCLOPS tenía varios hermanos, uno de ellos fue el USS JUPITER. Construido en los Mare Island Naval Shipyard en California, fue botado en 1911 para ser destinado a la carga de carbón. Gozó del privilegio de ser el primer barco de propulsión eléctrica de la Armada y también el primero en cruzar el Canal de Panamá de Oeste a Este, concretamente el 10 de octubre de 1914.

En 1920 se dio de baja como carbonero y comenzaron las obras para transformarlo en portaaviones. Cambiaron su nombre por el de USS LANGLEY. Cumplió con su labor hasta que comenzaron a llegar portaaviones más modernos, quedando relegado a portahidroaviones y transporte de aviones. El 27 de febrero de 1942, durante la batalla del Mar de Java fue atacado por aviones japoneses; quedó en tan pésimo estado que fue rematado por los torpedos de sus propios escoltas para evitar ser requisado por el enemigo. En el lance murieron dieciséis miembros de la tripulación, el resto fue embarcado en los destructores de escolta primero y posteriormente, en el petrolero USS PECOS, pero volvieron al agua cuando, dos días después, fueron atacados por los japoneses nuevamente.

Otro hermano, el SS PROTEUS, que le dio el nombre a la serie. Fue construido en los astilleros de Newport News de Virginia por la Dry Dock Company y botado el 14 de septiembre de 1912. Usado como transporte de carbón para los acorazados y cruceros de la Armada, desempeñó su función durante algún tiempo, pero algo más tarde fue destinado como transporte de hombres, combustible y material a Filipinas. Luego tuvo esa misma misión en el Atlántico y, poco después, en el Caribe.

En 1924 acabó su misión y quedó inactivo hasta el 8 de marzo de 1941 en que fue adquirido por la Saguenay Terminals Ltd., de Otawa. Pero poco tiempo permaneció en la propiedad de esta Compañía, un buen día, sin más, también desapareció sin dejar rastro.

Y por último, el USS NEREUS, poco sabemos de él, salvo que al igual que sus hermanos fue destinado a la carga de carbón y que un día de 1943 también se esfumó en el Triángulo de las Bermudas.

Sin entrar a discutir sobre experiencias transcendentales o argumentos científicos, lo que no podrán refutar los escépticos es que la clase “Proteus” nació con un destino tan negro como el carbón que cargaron sus bodegas.

© Coral González

viernes, 3 de octubre de 2008

Joven Gaspar

JOVEN GASPAR

Históricamente, la difícil pervivencia de algunos pueblos ha obligado y sigue obligando a sus habitantes a abandonar casa, familia y enseres, acuciados por el hambre y el oscuro futuro que planea sobre sus vidas. Atraídos por los cantos de sirena emitidos desde tierras lejanas, se aventuran a iniciar un camino, cuya única meta es ese paraíso donde la vida parece transcurrir sin esfuerzo en medio de la opulencia; nadie les advierte de que se trata de una utopía, cuando no de una trampa a veces mortal.

Raro es el día en que los medios de comunicación de Canarias no nos anuncian el avistamiento o la llegada de una nueva embarcación, sea cayuco o patera, procedente de cualquier punto de la costa occidental africana, cargada con un número indeterminado de subsaharianos; no se especifica sus nacionalidades, eso no es noticia. Acto seguido, las organizaciones humanitarias en turno de oficio hacen oír su voz a favor de los indocumentados, quienes, una vez han pisado tierra, a ojos de una parte de la sociedad parecen convertirse en un híbrido entre refugiado y delincuente. Y siempre surge el recuerdo seguido del clásico comentario: “durante la primera mitad del siglo XX los canarios vivieron circunstancias iguales, viajaron en condiciones semejantes y, sin embargo, allí donde llegaron fueron acogidos con los brazos abiertos, y este, ahora, es el momento de devolver el favor”.

¿De verdad? ¿Hablan en serio? ¿Repasamos la Historia?

Ojeemos nuestro pasado reciente y llamémosle, por ejemplo, JOVEN GASPAR.


El "Joven Gaspar" navegando a todo trapo en aguas canarias.

© de la foto Ramiro González

Se trataba de una estilizada goleta construida en 1898 por los carpinteros de ribera del puerto de Santa Cruz en Tenerife. Después de casi medio siglo prestando fielmente sus servicios fue destinada, en sus últimos días de vida útil, a la carga de sal para la industria conservera de salazones, ya que se había quedado obsoleta para otra cosa.

Sin embargo, los armadores encontraron un pequeño filón para este tipo de vetustas embarcaciones condenadas a un inminente desguace: la ola de emigración clandestina empujada hacia lejanas tierras de promisión. El procedimiento era sencillo, las traspasaban a aquellos que vendían “pasajes” para marchar allende los mares. Una vez habían obtenido una cantidad algo superior a lo pedido por el propietario, compraban el barco para organizar un viaje hacia una vida diferente; solo quedaba acordar el punto de embarque, generalmente una cala escondida, y todo en el más estricto secreto.

El JOVEN GASPAR fue comprado en diversos puntos de Tenerife, es decir, numerosas personas pagaron entre 3.000 y 9.000 pesetas de los años cincuenta del siglo XX. Pero el nombre que constaba como propietario de la goleta era el de Álvaro Padrón, quien no dudó en presentarse al patrón, don Ginés, un viejo marinero gran conocedor de las aguas del archipiélago canario y las cercanas costas africanas; él, junto a su pequeña tripulación compuesta por cinco parientes, puso rumbo, hipotéticamente hacia Arrecife de Lanzarote, así es como se había despachado ante las autoridades, pero la realidad era muy diferente.

En el ínterin, en la isla de Tenerife, un camión iba recogiendo a los pasajeros en los distintos lugares acordados y así llegaron a La Matanza de Acentejo, un municipio del norte tinerfeño. Desde allí, caminando por un tortuoso sendero y sólo alumbrados por unas antorchas, llegaron a una cueva en la costa, en una zona conocida como Callado Menudo, donde permanecieron dos días en unas condiciones incómodas, pues muchas de aquellas personas no fueron preparadas para aquella espera, y la carencia de comida, fruto de la urgente improvisación y de la clandestinidad, fue una dificultad socorrida únicamente por la caridad de los que fueron más previsores.

Zona de la costa de La Matanza de Acentejo, conocida como "La Negra" o "Callado menudo"

© de la foto Ramiro González

Tras algunos problemas de entendimiento a bordo, el JOVEN GASPAR, que había salido del puerto de Santa Cruz de Tenerife con un falso rumbo, fondeó frente a la gruta donde la espera se estaba convirtiendo en angustiosa. Con dos falúas fueron trasladados los ciento cincuenta pasajeros a bordo del pequeño barco recortado en el crepúsculo de aquel día de mediados de junio de 1950. Las primeras luces del amanecer obligaron a acelerar el proceso de embarque y salida, pues partir de viaje sin permisos oficiales, en la España franquista de aquellos años era delito.

Una vez desplegado el velamen, se enfrentaron a la primera dificultad. Los víveres y los enseres de cocina habían sido depositados en una cala del Puerto de la Cruz, en la escarpada costa norteña de Tenerife, pero les habían llegado noticias de que en aquella zona se había concentrado gran número de paisanos esperando también poder convertirse también en emigrantes, aunque fueran clandestinos. El JOVEN GASPAR ya iba sobrecargado; acercarse a aquella costa sería un suicidio, casi de la misma magnitud que abrir rumbo hacia mar abierto sin los mínimos víveres indispensables. Uno de los pasajeros, proveniente de la isla canaria de El Hierro, aportó una valiosa solución: allí, en aquella pequeña isla, en la localidad de Sabinosa, podrían encontrar lo necesario. Casi de inmediato, el bauprés marcó a son de mar el rumbo hacia la isla más occidental del archipiélago canario.

Una vez arribados a El Hierro, los pescadores de la zona de Orchilla (el punto más occidental de España) les guiaron hasta los agricultores de la zona. Algunos de ellos, a cambio de pasaje, les proporcionarían los tan ansiados víveres. Así subieron a bordo cuatro vacas y dos cerdos, sacrificados sobre la marcha, varios sacos de papas, judías, harina, gofio, higos secos y toda el agua que pudieron acarrear, y no fue fácil encontrar rincones libres donde estibar los suministros. Con celeridad desplegaron las velas debido a la sospecha, no necesariamente infundada, de la presencia cercana de la Guardia Civil. Por fin, el veintitrés de junio pusieron rumbo a Venezuela.

Nada más lejos de un viaje placentero. El patrón, don Ginés, ignoraba que entre el pasaje se encontrase un piloto, experto en navegación astronómica, apellidado Cejas, con la misión de hacerse responsable de la derrota del buque. Esto acabó por desconcertarle. El hecho de tener que compartir la autoridad a bordo no era del agrado de don Ginés. La tensión se fue acrecentando hasta el punto que aprovechando su guardia, don Ginés cambiaba el rumbo señalado por Cejas; cuando este se daba cuenta y se cercioraba con su sextante, corregía no sin mostrar sonoramente su contrariedad. No podía entender cómo un hombre que ignoraba todo sobre la navegación de altura, se permitiera poner en duda su profesionalidad, de la cual había sido separado por cuestiones políticas, no por incompetencia.

Mientras las diferencias en la tripulación se iban haciendo patentes, los pasajeros comenzaban a pasarlo mal. En principio la escasez de espacio hacía dificultosa la convivencia. Tampoco se calculó adecuadamente la cantidad de víveres y agua por persona y día, por lo que a partir de un momento dado hubo que establecer un severo racionamiento alimentario. Los útiles de cocina habían quedado en tierra junto a las provisiones en el Puerto de la Cruz lo que les obligó a improvisar. Y por si fuera poco, sobre todo al principio del viaje, muchos se marearon.

Por fin, veintisiete días después de navegar hacia poniente, avistaron tierra (gracias a Cejas). Se trataba del pequeño archipiélago de Los Testigos, al Noreste de Isla de Margarita. Tuvieron dificultades para pasar una zona rocosa de escasa profundidad, con el peligro de rozar, si no golpear, la quilla. Muy cerca de allí contactaron con un buque, cuyos tripulantes les dieron informes sobre la posición correcta. Tres días después vieron por fin Venezuela.

El 24 de julio de 1950, agotados y hambrientos, (el racionamiento fue tan drástico que les al final sobraron cuatro bidones de agua, de doscientos litros cada uno), llegaron a Puerto la Cruz, al norte del país. Allí fueron interceptados por una patrulla costera que les obligó a dirigirse hacia un fondeadero del muelle donde se les ordenó echar el ancla. Y allí conocieron la aventura del NUBLO, un barquito de nueve metros, que con quince personas a bordo y patroneado por un adolescente, logró llegar a costas americanas en solo treinta y tres singladuras. Pero volvamos al JOVEN GASPAR; tras comprobar las autoridades que se trataba de viajeros clandestinos sin apenas documentación, esperaron órdenes de Caracas. Estas fueron muy claras. Se les aprovisionó para una larga travesía, se les remolcó a unas tres millas mar adentro y se les ordenó regresar a su punto de partida. Resueltos a doblegar su destino, no obedecieron y pusieron rumbo al Oeste, hacia La Guaira tardando tres días en llegar. Tras arribar colisionaron con un barco, accidente que deliberado o no, dejó al JOVEN GASPAR imposibilitado irreversiblemente para continuar viaje. Dadas las circunstancias, fueron forzados a fondear cerca de otros barcos ilegales y quedaron bajo la custodia de la Policía portuaria.

Se les permitía saltar a tierra para trabajar en lo que les fuera saliendo pero regresaban al barco pues era su único alojamiento. Poco a poco fueron obteniendo documentación, unos, reclamados por familiares ya asentados en Venezuela, otros, o con contratos de trabajo, en ocasiones ficticios. Al final todos pudieron abandonar el JOVEN GASPAR para poder iniciar la vida digna que empezaban a sospechar no existía.

Las autoridades venezolanas estaban muy molestas con el continuo goteo de ilegales y así se lo hicieron notar a las españolas a través del cónsul de Venezuela en Tenerife quien recibió un telegrama de su ministro de Asuntos Exteriores, Gómez Ruiz, que decía:

«Sírvanse informar a la prensa de las Islas, que los veleros españoles, NUBLO y JOVEN GASPAR llegados a Venezuela con inmigrantes clandestinos, fueron rechazados y conducidos a altamar, por buques de guerra venezolanos. Sus capitanes y armadores, si insisten en regresar a nuestras costas, serán ingresados en la Prisión Correccional de la Selva del Orinoco, por tiempo indefinido. Pues el Gobierno Venezolano está dispuesto a poner término definitivamente a este problema.»

La noticia produjo júbilo entre los familiares canarios, quienes se enteraban así de la llegada, sanos y salvos, de sus seres queridos. Pero la otra lectura de este telegrama es obvia, a nuestros paisanos no los socorrieron remolcándolos hacia tierra, ni los recibió la Cruz Roja en la misma orilla con mantas, alimentos y cariño, sino con patrulleras de la Armada venezolana con talante amenazador y con los ecos del discurso del diputado del Partido Comunista de Venezuela, Gustavo Machado, quien en 1948 dijo. “…en cuanto a la política dirigida por el Estado hay otro peligro, puesto ya en evidencia: la mala selección, que llena nuestro país de la escoria de Europa: cabareteras, gigolos, vagos, narcómanos, estafadores, fascistas y criminales de guerra…”.

Al final el patrón pidió ayuda al consulado español y fue repatriado. Al llegar a Tenerife fue detenido, pues los antiguos propietarios del velero le denunciaron por estafa. Una vez aclarado todo, la historia acabó.

Y aquella bonita goleta, con sus viejas cuadernas cansadas y vencidas por los años de sol y de sal, acabó sus días en un punto indeterminado del puerto de La Guaira, viendo resignada como se le caían en escamas la poca pintura que le había quedado, sus fieles velas que un día ciñeron orgullosas el viento por la amura haciéndose jirones, su tablazón, ya abierta, desprendiéndose lentamente de las cuadernas…soñando todavía con los rociones de la mar…. Doloroso final para tan digno héroe.

Pero el JOVEN GASPAR no fue el único “barco fantasma de la emigración”, y ni muchísimo menos el que más penalidades padeció. En breve, contaremos la historia de un gran clásico: el TELÉMACO, un barco que, por méritos propios, se ha convertido en el icono canario de las vicisitudes y penurias de un pueblo que, perseguido por la necesidad, se vio obligado a ser testigo de sacrificios que nunca ha merecido la Humanidad.

©Ramiro y Coral González

martes, 30 de septiembre de 2008

DE SANTURCE A... TENERIFE

Cuán innumerables veces nos hemos preguntado, paseando por la playa, qué haríamos si encontrásemos una botella con un mensaje en su interior, una romántica ilusión que pertenece al terreno de la leyenda. O no.

Almáciga, costa norte de Tenerife, año 1949. Andando por aquellas arenas bañadas por el Atlántico, unos vecinos de la zona atendieron a un reflejo que salía de unas rocas, sin dudarlo acudieron curiosos y allí estaba, una botella con lo que parecía un papel dentro. Sin dudarlo corrieron a la escuela para que la maestra les ayudara a desentrañar tan enigmática señal. Allí vieron que se trataba de estampas de una Virgen desconocida para ellos y un escrito que hablaba de unos peregrinos a Santiago.

En efecto, aquel era año Xacobeo y unos jóvenes bilbaínos embarcaron en Santurce en el vapor ARAGÓN para peregrinar a Compostela. Un día, uno de ellos decidió introducir en una botella cinco estampas de la Virgen de Begoña, una petición de advocación hacia ella y su certificado de peregrino en cuyo dorso escribió:
«En el vapor Aragón a 27 de agosto de 1948. 35 peregrinos de la Acción Católica de Bilbao a Santiago de Compostela, saludan a los que encuentren este mensaje y piden al Señor consigan encontrarse con nosotros en el cielo.»

Y con mucha ilusión, Martín Valle García, que así se llamaba nuestro soñador amigo, lanzó la botella a las oceánicas aguas frente al Cabo Vilan.

Aquel 29 de abril de 1949 fue muy especial para Eusebio Sosa, su esposa Benita Izquierdo y la hermana de esta, Luisa, cuando la maestra de su pueblo les reveló lo que contenía el papel de la botella. Raudos se dirigieron a la Iglesia de las Nieves, parroquia de Taganana, pago al que pertenece el pueblecito de Almáciga, a contarle al señor cura el mágico hallazgo. Puesto en conocimiento del Obispado, recordaron que el párroco de la Concepción, importante iglesia de Santa Cruz, la capital, era de Bilbao. El padre jesuita Luis Eguiráun, encantado con el “milagro” hizo llegar la noticia, junto con la petición de un cuadro de la Virgen, algo más digno que las estampas, a la capital vizcaína lo cual provocó un pequeño revuelo. La Virgen de Begoña despierta fervorosa devoción en las gentes de aquellas tierras vascas, y la llegada de la ya famosa botella fue considerada como un milagro mariano, y en cierto aspecto marino, pues los pescadores de la zona reverencian a su Virgen a quien dedicaban salves al distinguir el santuario recortado en la montaña cuando van en sus traineras. Y no, no se enviaría un cuadro, sino una réplica de la imagen a… ¿Dónde había llegado aquella botella?


A Almáciga. Una modesta aldea sita en la abrupta costa norte de la isla de Tenerife, Canarias; localizada en Taganana, una de las zonas más bellas de la isla y de gran historia conservada en sus callejuelas, antiguas casas y los pequeños tesoros de su iglesia de Las Nieves. Para más detalle, pertenece al municipio de Santa Cruz de Tenerife, la capital.

Una vez ubicada en el mapa, comenzaron los trabajos de la cuestación popular para que el reputado escultor local, José María Larrea, realizara en su taller de la bilbaína calle de la Sendeja, una imagen lo más parecida posible. No era época aquella de abundancia, y los feligreses no pudieron reunir ni remotamente lo necesario. Sin embargo, cuando ya cundía el desánimo, un donante anónimo cedió cinco mil pesetas, de 1949; siguiendo el ejemplo, una acomodada dama, tal vez por devoción, legó todas sus joyas para enriquecer el manto de la nueva Virgen. Y finalmente, un conocido platero del lugar donó también la peana, la media luna de metal dorado, el cetro y las coronas de la Virgen y el niño.


Se despidió a la imagen con todos los honores y fue embarcada el 2 de mayo de 1950 en una cañonera de la Armada Española que la llevaría hasta Santurce, allí fue reembarcada en el flamante MONTE URQUIOLA, de la Naviera Aznar. El día 6 de ese mismo mes el buque hacía la segunda escala de su corta historia, pero la más importante, en el puerto de Santa Cruz. Allí fue recibida por numeroso público. En solemne procesión la imagen fue trasladada al pueblo de Taganana. En un principio hubo complicaciones para su ubicación, pero, o por empeño de las gentes de Almáciga, o por voluntad de la Virgen (Bego-oña en el antiguo dialecto vascuence significa “Déjame aquí”), ya que en Almáciga había aparecido, de allí no se iba a mover, allí se quedó. Moró en una modestísima ermita dedicada a San Juan y que hoy se ha perdido por la pobreza de sus materiales y el pasar del tiempo. No obstante, en breve, la Virgen de Begoña contará con un santuario de estética controvertida para su debido culto; mientras tanto la podemos admirar en una ermita construida por los vecinos con sus propias manos hasta que tenga un hogar definitivo.

Desde entonces, el último domingo de abril de cada año se celebra su fiesta en conmemoración de la aparición de la botella, y curioso, es difícil llegar a aquel pueblo, y Bilbao queda muy, muy lejos de allí, sin embargo, ese día, tinerfeños y vascos se unen en el cariño que les inspira la Virgen de Begoña.


Comenzamos con la legendaria ilusión de encontrar un mensaje en una botella, traída por el mar, y terminamos con la llegada de una Virgen, también por mar. De hecho, para los católicos, la Virgen es un mensaje, de Luz y Esperanza, pero mensaje al fin, en una botella diferente; y es que a Canarias son varias las imágenes de vírgenes que han llegado por el mar tal vez, a modo de botella con mensaje.

© Coral González.

CRUCEROS EN TENERIFE



CELEBRITY GALAXY















INDEPENDENCE of the SEAS
















LE LEVANT














MARCO POLO













MILLENNIUM












MSC ORCHESTRA














NAVIGATOR of the SEAS












OCEANA












PACIFIC VENUS














ROTTERDAM










© escobén

DISNEY MAGIC

 El alba del 20 de mayo de 2007 trajo al puerto de Santa Cruz de Tenerife la figura de un crucero insólito. A las 7:30 horas de la mañana comenzaron las labores de atraque de un pulcro trasatlántico de clásicas líneas cargado de ilusión y fantasía, el DISNEY MAGIC. Procedente de las Bahamas, de donde toma su registro y bandera, tocaba por primera vez un puerto europeo, una escala obligada antes de comenzar una serie de cruceros de verano por el Mediterráneo, en conmemoración del décimo quinto aniversario de “Eurodisney” (París), cruceros que le llevarían a numerosas ciudades costeras tradicionalmente turísticas como Barcelona, Palermo, Nápoles, Marsella y Montecarlo entre otras.

Consignado en Tenerife por Hamilton y Cía, el DISNEY MAGIC estuvo acompañado aquel 20 de mayo en el puerto tinerfeño por otros dos trasatlánticos, el japonés PACIFIC VENUS de 183 m. de eslora (propiedad de la Japan Cruise Line, construido en 1998 en los astilleros Ishikawajima-Harima Heavy Industry) de camino hacia Argentina en viaje de circunnavegación, y por el OCEANA, de la P&O Cruises (Grupo Carnival) de 261 m. de eslora, construido en el año 2000 en los astilleros Fincantieri.

Desde que en 1955 se inaugurara el parque “Disneyland” en Anaheim, California, al que le siguió “Disney World” en Orlando, Florida, que abrió sus puertas en 1971, la expansión de la Walt Disney Company ha sido imparable abriendo parques por todo el mundo. La conquista del mar no se podía hacer esperar y así, en 1995, se fundó, dentro de la división Walt Disney Parks and Resorts, la naviera Disney Cruise Line (en cuya bandera de navegación campea la silueta de Mickey Mouse) con la idea de construir cruceros de lujo con temática y objetivos eminentemente Disney.

Disney Cruise Line, actualmente presidida por Mr. Tom McAlpin, en su afán por ofrecer lo mejor de lo mejor, quiso confiar en el buen hacer de los reputados astilleros italianos Fincantieri, de Porto Marghera, cerca de Venecia, uno de los mejores del mundo (fundado en 1959, y actualmente presidido por D. Corrado Antonini), contratando la construcción de dos buques. El primero, DISNEY MAGIC, fue botado en 1998. Su hermano de grada, DISNEY WONDER, entró en servicio en agosto del año siguiente, también con registro y bandera de Bahamas. Los dos trasatlánticos son completamente idénticos en su diseño, difiriendo tan solo en detalles de las áreas de entretenimiento y restaurantes. Su línea constructiva es la clásica de los grandes cruceros de la primera mitad del siglo XX (semejándose más a los de la década de 1930), largo y de no mucha altura, cuenta con un mástil y sobre su blanca superestructura luce dos rojas chimeneas (una de las cuales es falsa, alojando en su interior un club para el disfrute de adolescentes). En su casco pintado de negro destacan los ventanales redondos, clásicos ojos de buey alineados en sus bandas; todo ello configurado para intentar conseguir un aspecto lo más parecido posible al lujo y glamour de épocas pasadas. Los salvavidas dan un toque de color, dispuestos en línea a ambos lados de las cubiertas están pintados de un llamativo color amarillo —Disney tuvo que cumplimentar todos los trámites impuestos por las autoridades norteamericanas para poder sustituir los colores obligatorios impuestos por las leyes de salvamento Marítimo—. Destaca su puente semicircular.


Técnicamente, se trata de un moderno navío de 294 m. de eslora, 32,25 m. de manga y un calado de 8 m. Sus potentes motores entregan unos 100.000 caballos de fuerza a dos grandes hélices para desplazar 88.338 TRB a una velocidad de crucero de 21,5 nudos, aunque su velocidad máxima es de 24 nudos. La dotación está compuesta por 950 tripulantes de varias nacionalidades diferentes. Su capacidad de pasaje es de 2.400 cruceristas, repartidos en 875 camarotes (uno más que el DISNEY WONDER) que van desde suites de 88 m² con dos habitaciones hasta cabinas internas estándar de 17 m². En torno al 73 por ciento de los camarotes son externos, de los cuales algo más de la mitad disponen de balcón privado.

Comparativamente, se trata de un trasatlántico con una eslora 51 m. menor que el gran coloso QUEEN MARY 2 de la Cunard Line, o con una eslora 27 m. mayor que el eterno TITANIC de la White Star Line.

Tras varios años recorriendo casi en exclusiva las aguas del Caribe, en junio de 2005, arrumbó hacia la costa oeste de los Estados Unidos, con la misión de participar en la celebración del cincuentenario de Disneyland, ofertando diferentes cruceros entre Los Ángeles y varios puertos mejicanos del Pacífico tradicionalmente turísticos. En el año 2000 se le practicó una pequeña reforma. A principios de octubre de 2005 sufrió su segunda remodelación, a cuyos efectos estuvo internado durante 10 días en los astilleros Norshipco, de Norfolk, Virginia. Uno de sus salones principales fue aumentado en 157 m², se le añadieron tres nuevas salas al SPA; se ampliaron las zonas dedicadas al recreo y se incorporaron nuevos elementos decorativos en varios de los recintos.

Sus once cubiertas albergan el conjunto de dependencias que un crucero como este precisa. Cuenta con 20 suites, dos de ellas de gran lujo (Suites Royal), —en una se halla instalado un piano—. Las dieciocho suites restantes constan de uno o dos dormitorios con cuarto de baño, servicio, sala de estar con sofá cama y balcón privado; tienen capacidad para cuatro o cinco personas. Las suites de un dormitorio disponen de una habitación con cama doble, salón con sofá cama y litera empotrada, dos baños y balcón privado. Todas cuentan con servicio de habitaciones, cuyo personal está especialmente capacitado para tratar con niños. Algo menos ostentosos son los más de 600 camarotes de diferentes tamaños, de los cuales, 16 son muy especiales pues están adaptadas para discapacitados. Los 213 camarotes restantes son interiores, aunque con igual configuración que los exteriores. El color dominante en la decoración de estos alojamientos es el azul con toques de ocres y maderas, con la discreta presencia de Mickey. Una curiosidad: la electricidad doméstica es de 110 voltios.

Son numerosos los salones, restaurantes, cafeterías, etc., donde poder pasar el tiempo de ocio, como el “Palo”, solo para adultos, el cual ofrece platos de la cocina del norte de Italia, o el “Animator’s Palate” donde la cena comienza con una decoración del salón en blanco y negro que, al igual que los uniformes del servicio, va cambiando de colores hacia tonos más alegres durante el transcurso de la cena, al tiempo que las pantallas emiten imágenes de la historia de Disney, obviamente desde el blanco y negro original hasta el colorista actual cine de animación. El “Parrot Cay”, con ambientación caribeña, es uno de los restaurantes pretendidamente más divertidos, allí los camareros cantan y los niños participan en congas alrededor de las mesas. El “Common Grounds” es una cafetería exclusiva para adolescentes donde no se sirve alcohol pero sí café.

Afortunadamente, no todo es comer en medio de bullicio festivo. En el “Buena Vista Theatre” tienen lugar las proyecciones de películas, por supuesto de producción propia, hasta tal punto que, de hecho, es en esta sala donde tienen lugar los estrenos mundiales de las películas Disney. En el “Walt Disney Theatre” se puede disfrutar de tres funciones musicales en vivo, concretamente espectáculos de Broadway. Tiene un aforo para 1.200 espectadores y una ausencia total de columnas para facilitar la visión del gran escenario. Otro lugar interesante, sobre todo para los niños, es el “Atrium”, punto de encuentro donde los personajes Disney firman autógrafos y el capitán ofrece su cóctel.



En la cubierta 9 se encuentran las tres piscinas con las que cuenta el crucero: la “Mickey”, con dos pequeñas piscinas auxiliares redondas a modo de las orejas del famoso ratón, es la infantil, de muy poca profundidad y con un divertido tobogán. La piscina “Goofy” es la familiar, ubicada en el centro del barco y en su entorno se celebran gran cantidad de actividades diurnas y nocturnas. La “Quiet Cove” es para adultos, con largo suficiente para nadar, siempre y cuando no haya muchos usuarios. También en la misma cubierta se ubica el “Vista Spa & Salon” con sauna, masajes, aromaterapia, baños de barro…
En las cubiertas 4 y 10 podemos encontrar pistas para correr y el gimnasio. También se pueden seguir clases de pilates y yoga.

Pero este es un crucero con vocación familiar en el que se celebran fiestas permanentemente, y donde las áreas destinadas a los pequeños son las más extensas, por lo que las actividades diseñadas para ellos son fundamentales y están organizadas teniendo en cuenta los gustos y las edades, así, los niños de 3 a 5 años pueden entretener su tiempo, por ejemplo, bailando con Blancanieves o jugando con Peter Pan. Los de 6 a 8 años se divierten experimentando con la ciencia, aprendiendo a hacer animaciones con Mickey o escuchando cuentos de piratas. Los de 9 y 10 años pueden aprender a hacer anuncios de televisión, o convertirse en detectives y esparcirse con diversos juegos. Los que ya cumplieron 11 ó 12 años intentan ser entretenidos descubriendo secretos de animación y trucos para conseguir efectos especiales, o participando en diversos juegos. Los adolescentes también tienen su espacio, no solo en el “Common Grounds”, sino que además pueden practicar fotografía, cinematografía o comedia improvisada. Incluso los bebés tienen un bonito lugar de recreo en el “Founder’s Reef”, liberando a sus padres para que puedan disfrutar del crucero.

Para los adultos está diseñado “The Navigator”, un programa donde se muestra el funcionamiento del buque mediante comentarios y videos. En “Disney Behind The Scenes” se pueden visionar documentales sobre cómo se hicieron diversas películas Disney. También se ofertan clases de gastronomía, etcétera.

El DISNEY MAGIC no tiene casino pero sí dispone de un bingo con premios de cierta entidad. A bordo aceptan casi todo tipo de tarjetas de crédito internacionales incluida la Disney Credit Card, aunque el único dinero en metálico aceptado es el dólar USA.

La sanidad para el pasaje queda cubierta con un médico y una enfermera disponibles las 24 horas del día para servicios médicos básicos que, no lo dude, deberán ser abonados según las tarifas estándar por estos servicios.

En sus rutas americanas, este crucero siempre recala en un puerto muy especial, el de Castaway Cay, la isla privada de Disney en Las Bahamas. Allí los pasajeros que lo deseen pueden practicar buceo superficial, ciclismo, kayac, excursiones, o ¡¡¡siestas!!! en cualquiera de las playas paradisíacas donde también hay cabañas abiertas donde recibir un placentero masaje, o disfrutar de una barbacoa o de deliciosas bebidas. Por cierto, también las playas están divididas por edades, las hay para niños, para adolescentes y para adultos.

Tras su recorrido por el Mediterráneo, el DISNEY MAGIC volvió a Santa Cruz de Tenerife el 24 de agosto de 2007 en viaje de vuelta hacia el Caribe. De momento no tiene programado volver por las Islas Canarias. Las previsiones para el verano de 2008 tienen como objetivo los cruceros por la Riviera Maya.

Queda plasmado que se trata de un crucero diseñado y organizado para el disfrute de los niños, muy lejos de los conceptos europeos de confort y glamour que de siempre ha caracterizado este tipo de viajes. Concluyendo, si lo que se busca es descanso y relax no parece claro que el DISNEY MAGIC sea la opción más satisfactoria.
© Ramiro González.


jueves, 19 de junio de 2008

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