sábado, 7 de febrero de 2004

EL MISTERIO DEL "GALATEA"

Grandes puertos del mundo fueron parada y fonda de este precioso barco del que, en muchos de ellos, aún se guarda muy buen recuerdo. Es el caso de la isla de Tenerife (Islas Canarias), en cuyo muelle de la ciudad de Santa Cruz estaba anclado el  "GALATEA" cuando no lejos de allí se declaró un incendio que hacía peligrar un buen número de casas; la tripulación no perdió el tiempo y acudió presurosa a ayudar a sofocar el fuego. La ciudad le quedó tan agradecida que, a partir de ese momento, cada vez que arribaba a su puerto, organizaba una gran fiesta.

 Pero no todo fue así de agradable en la larga vida de este bergantín-goleta, no librándose de guardar en sus pañoles algunas leyendas de fantasmal cariz.

 Es el caso de aquellos tiempos en que navegaba con bandera rusa. Ocurrió en un largo viaje, narraban los viejos marineros... El mar se volvió completamente rojo. Minutos después una espectral aparición se empezó a desplazar por encima del agua hasta llegar al barco, donde, sin compasión, comenzó a degollar a la tripulación hombre por hombre. Solo sobrevivió un enorme perro que se desvaneció en la nada, alterando enormemente a la dotación de otro buque que acudió en su ayuda.

 No es de extrañar que le rodeara cierto halo de misterio, por algo era de origen escocés, o al menos eso pensaron aquellos que, siendo ya español, no encontraron otra explicación que la existencia de un fantasma escocés a bordo para explicar por qué había tantos siniestros a bordo; donde menos se lo esperaban, en cualquier punto de la embarcación, se declaraba un pequeño incendio, así que, o era un fantasma, o si no qué. Y ese qué lo respondió alguien con cierta curiosidad que tras pequeñas investigaciones llegó a la acertada conclusión que los incendios los provocaba el lamentable estado de la instalación eléctrica. Tras las reparaciones oportunas el dichoso fantasma escocés pasó a vivir en el descanso eterno de la leyenda.

© Coral y Ramiro González

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EL HOLANDÉS ERRANTE


El mundo de la mar está plagado de leyendas provocadas la mayoría de las veces por la exageración de los marineros y por un gran derroche de imaginación las más.

Quizá una de las más espectaculares sea la leyenda de El Holandés Errante.


Debemos remontarnos al siglo XVII. Nuestro protagonista, Barent Fokke, era un capitán holandés famoso por ser un intrépido marino que no solo desdeñaba cualquier peligro, sino que desafiaba las fronteras de la razón arriesgando su barco y a su tripulación, sometiéndoles a grandes velocidades, luchando hasta la extenuación contra los elementos. De hecho, salvaba grandes distancias en poco tiempo lo que hizo correr el rumor de que solo una fuerza maligna podía imprimir tal velocidad.


Fue en el Cabo de Buena Esperanza donde todo ocurrió...


La mar estaba embravecida y las olas hacían cabecear al barco, el LEBERA NOS, de modo pavoroso. La tripulación le suplicó volver a puerto, y la respuesta de Fokke fue dar la orden de largar más vela. Los marineros insistieron en el ruego, y montando en cólera, el capitán tiró al mar al hombre que había actuado como portavoz.


Entonces, de un modo inexplicable, de entre los espesos nubarrones salió un rayo de luz, y de este, un anciano de gran barba blanca. Avanzó hacia el capitán y le echó en cara su vanidad. Fokke no daba crédito a tal alarde de atrevimiento y amenazó al viejo con su arma, y al ver que este no mostraba el menor atisbo de temor, le disparó, pero la bala dio la vuelta y le hirió en una mano. Iracundo, intentó golpear al desconocido, pero el brazo se le paralizó en el aire. La extraña aparición volvió a hablar, esta vez para lanzar una maldición: «El cielo te condena a navegar para siempre, jamás descansarás y nunca volverás a tocar puerto. Siempre te acompañará el frío, el viento, la niebla... y podrás seguir atemorizando a los marineros como has hecho hasta ahora, a partir de este momento, la visión de tu barco traerá muerte y desolación. Si intentas descansar, una espada se clavará en tu costado, así, por toda la eternidad». Acto seguido el anciano ascendió hasta las nubes seguido por toda la tripulación, quedándose el holandés completamente solo convertido en una furia.


Desde aquel día, el barco fantasma trae desgracias a todo el que lo mira, y para no ser reconocido cambia de aspecto continuamente. La única salvación, si uno se encuentra con él, es abrazarse al mascarón de proa y rezar todas las oraciones que se recuerden esperando a que desaparezca.


Cuentan que el barco ha  sido visto en muchas ocasiones en las aguas del Cabo de Buena Esperanza pero también ha sido avistado en otros mares, y dicen, que unas veces se ha visto al capitán Barent Fokke arrodillado en cubierta pidiendo a gritos el perdón de Dios rodeado de una tripulación de esqueletos largando velas, y, en otras ocasiones, él mismo es un esqueleto con una clepsidra en la mano midiendo el tiempo siglo tras siglo.

© Coral y Ramiro González

2 comentarios:

marinaysara dijo...

Hola A todos, para saber sobre el Galatea os recomiendo los siguientes espacios o páginas, veréis fotos, canciones, musica, videos y hasta la vida a bordo de los antiguos navegantes del velero contada por ellos mismpoms.
Un saludo a todos y al administrador del blog, por hacer que el Galatea navegue de nuevo.

http://buqueescuelademaniobragalatea.blogspot.com.es/

http://elgalateanavegadenuevo.blogspot.com.es/

marinaysara dijo...
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