sábado, 6 de marzo de 2004

LA EXTRAÑA HISTORIA DE LA "MARY CELESTE"

El 7 de noviembre de 1872 el capitán Benjamin Spooner Briggs, dio la orden para salir hacia Génova desde el puerto de Nueva York, cargado con 1.700 barriles de alcohol desnaturalizado.

Ocho días después, el bergantín DEI GRATIA, al mando del capitán David Reed Morehouse y, cargado con queroseno, salió del mismo puerto con rumbo a Gibraltar.

El viaje se desarrollaba con total normalidad hasta que, el 5 de diciembre, un miembro de su tripulación avistó a unos ocho kilómetros de distancia a estribor, una goleta que llamó su atención por los extraños movimientos que hacía. Algunas horas después, ya pasado el mediodía y, a unos cuatrocientos metros de distancia, al no haber contestado a ninguna de las señales hechas desde el DEI GRATIA, el capitán Morehouse decidió enviar a algunos de sus hombres a averiguar que ocurría.

El Segundo de abordo, Oliver Deveau, junto a los marineros Wright y Johson, subió al velero descubriendo que se trataba de la MARY CELESTE, de bandera americana. Esta noticia dejó consternado al capitán Morehouse, pues Briggs, el capitán de la goleta a la deriva, era amigo suyo y sabía que había zarpado rumbo a Génova el 7 de noviembre desde el mismo puerto que él, es decir, desde Nueva York, acompañado por su esposa Sara y su pequeña hija de dos años Sofía, al mando de una tripulación compuesta por ocho hombres.

Tras ser registrado desde la sentina hasta la antena, Deveau y sus hombres descubrieron que la nave estaba desierta. Les sorprendió el hecho de que algunas velas hubieran sido arrancadas mientras que otras permanecían envergadas y plegadas; el estado de algunos elementos de cubierta hacía pensar que la goleta pudo haber atravesado una tormenta; las portillas estaban abiertas. En el libro de bitácora, la última anotación registrada estaba fechada en el día 24 de noviembre y, especificaba su posición; 110 millas al Oeste de la isla de Santa María, en las Azores, es decir, a unas 500 millas del lugar donde fue encontrado. La carga, alcohol industrial en 1.700 barriles, se encontraba correctamente estibada en su lugar. No hallaron por parte alguna el cronómetro, el sextante, el libro de navegación ni el bote, haciéndoles pensar que la tripulación pudo haber abandonado el barco, aunque no había a la vista nada susceptible de ser la razón por la que lo pudieron haber hecho.

Dos días tardaron en dejar a la goleta en condiciones de navegar, tras los cuales el DEI GRATIA y la MARY CELESTE pusieron rumbo a Gibraltar. El primero llegó el 12 de diciembre y el segundo al día siguiente. Nada más llegar, comenzó una investigación dirigida por Frederick Solly Flood, Fiscal General de Gibraltar. Se trataba de un funcionario de eficacia discutible que sin más pruebas consideró la desaparición de la tripulación como producto de un amotinamiento. Acusó a la tripulación de la MARY CELESTE de haber matado al capitán, su esposa y su hijita en un delirio alcohólico en base a la carga que transportaba. Esta hipótesis fue desestimada pues el alcohol era desnaturalizado, lo que habría enfermado gravemente a cualquiera que lo hubiese ingerido, antes de emborracharlo.

Otra hipótesis de dicho Fiscal especulaba acerca de una supuesta complicidad entre Briggs y Morehouse. De esta manera, Briggs habría matado a su tripulación y, tras deshacerse de los cuerpos, huiría en el bote hasta un lugar concretado por ambos. Según dicha teoría, Morehouse encontraría la MARY CELESTE y, una vez conseguidas las ganancias habidas por el hallazgo de un barco abandonado y su mercancía, se reuniría con Briggs para repartir el botín. Esta idea fue desechada por la carencia de pruebas y porque Briggs era copropietario de la goleta, por lo que la parte que le hubiese correspondido sería menos de la mitad del valor del barco.

La última ocurrencia del Fiscal Solly fue echarle la culpa a Morehouse y a su tripulación de la muerte y desaparición de los ocupantes de la MARY CELESTE, pero incurrió en tantas incongruencias y disparates que el tribunal optó por cerrar el caso y pagar el rescate a Morehouse y sus hombres, en total 1.700 libras.
Oliver Devau, segundo del bergantín DEI GRATIA, expuso la única teoría lógica en aquellos momentos: el barco transportaba una carga inflamable que se estaba evaporando, y lo confirma el hecho comprobado con posterioridad, de que nueve barriles estaban vacíos debido a la evaporación. Quizás ante el miedo, la tripulación decidiera abandonar temporalmente el barco por temor a un incendio o una explosión, lo cual hubiese podido explicar el hecho de que las portillas fueran encontradas abiertas. Pero el empeoramiento del tiempo y, los registros meteorológicos del 25 de noviembre así lo constataban, podía haber volcado el bote, demasiado cargado pues llevaba a once personas a bordo.

También muchos pensaron que se trataba de una descomunal puesta en escena para cobrar el seguro.
Pero la historia tuvo tanta resonancia que las hipótesis fantásticas proliferaron como los hongos: ataque de pulpos gigantes con predilección por sextantes, cronómetros y botes; misteriosa desaparición del Triángulo de las Bermudas ¡¡¡en las Azores!!!; comida y bebida contaminada con una sustancia indeterminada que produjo en los tripulantes algún tipo de delirio suicida (los tripulantes del DEI GRATIA comieron y bebieron de las provisiones de la MARY CELESTE y siguieron tan sanos como cuando subieron a bordo); y las más recientes, que hablan de abducciones extraterrestres... Circularon tantas y tan fabulosas versiones que algunos autores se inspiraron para escribir sus novelas, como el caso de "El relato de J. Habuakuk Jephson", una de las primeras obras de un aún jovencísimo Arthur Conan Doyle.

El 16 de mayo de 1873 un diario de Liverpool describía un hecho revelador: unos pescadores del norte de España habían encontrado dos balsas con un total de seis cadáveres en descomposición. Este suceso nunca fue investigado, por lo que jamás podremos saber si aquellos cuerpos podrían haber pertenicido a miembros de la tripulación de la MARY CELESTE, habida cuenta de que una de las balsas enarbolaba una bandera americana.

Volviendo a los acontecimientos de 1873, la MARY CELESTE fue devuelta a su dueño, James H. Winchester, quién contrató los servicios del capitán George W. Blatchford para llevar el barco hasta Génova, donde por fin pudo entregar su carga, momento en el que se descubrió la evaporación de nueve de los barriles que transportaba. Acto seguido, Winchester vendió el barco y durante los doce años siguientes cambió de dueño al menos diecisiete veces. Todos los propietarios se quejaron de la mala suerte que la MARY CELESTE les había ocasionado.

Ya en 1884, Gilman C. Parker lo compró cuando el barco se encontraba en un estado de deteriodo bastante avanzado. Lo cargó con unas mercancías aseguradas por un valor de 30.000 dólares para ser llevadas a Puerto Príncipe, Haití, pero el 3 de enero de 1885 encalló en los bajos coralinos  del Banco de Rochaelais en el Golfo de Gonave, cerca de las costas de Haití. Parker reclamó la indemnización a la compañía aseguradora pero ésta sospechó de él y, después de las pesquisas correspondientes, se vino a demostrar que se trataba de un fraude, pues el contenido verdadero de la carga no era el asegurado y el accidente había sido deliberado. Aunque debido a una cuestión legal técnica Parker salió libre, fue víctima del maleficio de la MARY CELESTE: poco tiempo después se arruinó y murió en la miseria; uno de sus cómplices se volvió loco siendo ingresado en un manicomio donde al poco falleció; otro de sus compinches se suicidó sin conocerse las razones.

La estela de la MARY CELESTE a su paso por la Historia cubre la realidad dejando al libre vuelo de la imaginación fantaseando sobre inexplicables misterios...

Cuando los tripulantes del DEI GRATIA subieron a bordo de la goleta vieron aún más cosas: las joyas de la señora Briggs estaban en su sitio y a la vista, la caja fuerte no tenía aspecto de haber sido forzada y la espada del capitán se encontraba en su vaina. En la cocina, el fogón se hallaba aún encendido y la tetera estaba tan caliente que se podía preparar un té. La ropa tendida húmeda, hacía pensar que no mucho antes alguien había estado haciendo sus quehaceres domésticos con absoluta normalidad.

Estos acontecimientos refuerzan la extraña historia de la MARY CELESTE...

La MARY CELESTE fue construida en 1860 en Nueva Escocia, Norteamérica, y fue botada con el nombre de AMAZON en 1861, en plena Guerra Civil. Su primer capitán Robert McLellan enfermó y murió al poco tiempo. John Nutting Parker le sustituyó para llevar a cabo el primer viaje de la AMAZON, que fue interrumpido en Maine por una colisión contra unas artes de pesca que le provocaron diversos daños de considerable magnitud en el casco, obligándola a entrar en astilleros para ser reparada, durante cuya estadía sufrió un incendio. El recién estrenado capitán fue fulminantemente despedido. El tercer capitán fue el responsable de la colisión con un bergantín, el cual se hundió en el estrecho de Dover, en Inglaterra, en el primer viaje de la AMAZON a Europa, llevándola nuevamente a los astilleros. A su regreso a Estados Unidos al mando de un cuarto capitán, encalló en Cow Bay, Nueva Escocia. 

Fue vendido en varias ocasiones, y en tantas otras sus propietarios quebraron sin haber obtenido ningún tipo de beneficio por parte del barco. Fue comprado, con mucha valentía, por J.H. Winchester & Co., de Nueva York. Después de tantos dueños el barco había cambiado de aspecto, habiendo sido agrandado y pintado de diversos colores, al tiempo que ya se llamaba MARY CELESTE, detalles que no importaron a uno de sus copropietarios que lo tomó bajo su mando en 1872, se trataba del capitán Briggs.

El 7 de noviembre de 1872 el capitán Benjamín Spooner Briggs, dio la orden para salir hacia Génova, desde el puerto de Nueva York, cargado con 1.700 barriles de alcohol desnaturalizado...

© Coral y Ramiro González