lunes, 4 de octubre de 2004

EL "VALBANERA"

 A principios del siglo XX, y debido a las buenas perspectivas que para el negocio naviero abría el creciente fenómeno de la emigración, así como la promulgación de una ley que multiplicaba los derechos de cabotaje para los barcos españoles, la consignataria Pinillos, Izquierdo y Cía., inició una política de expansión que pasaba por la adquisición de nuevos barcos.

 Respondiendo a esta demanda, fue ordenada la construcción del VALBANERA. Encargado a los astilleros Connell & Co. de Glasgow, con los que Pinillos mantenía una excelente relación, fue construido en 1906. Era un gran barco de 120 m. de eslora, 14'6 m. de manga y 6'5 m. de calado. Desplazaba 5.099 toneladas, gracias a un motor de 447 caballos construido por Dunsmuir & Jackson que le permitía alcanzar una velocidad de 12 nudos. Estaba equipado con botes y balsas salvavidas con capacidad para la mayoría de los viajeros, así como con unos mil salvavidas, por lo que podemos pensar que, para su época, la seguridad estaba cubierta, al menos en cierta medida.

 Los nuevos propietarios lo bautizaron con el nombre de la Virgen de Valvanera venerada en La Rioja, de donde era oriunda la familia Pinillos que le profesaba gran devoción; pero quiso el destino que, por despiste o ignorancia, quien diseñó el rótulo pusiera una "B" donde debería ir una "V" lo que suscitó la desconfianza de los supersticiosos. El paso del tiempo vendría a demostrar que no iban desencaminados.

 Su fina estampa sobre el agua era innegablemente inglesa, de aspecto ligero, con popa de espejo, destacaba una única y larga chimenea sobre una superestructura flanqueada por dos altos palos levemente apopados. A lo largo de su historia sufriría varias reformas que cambiarían su aspecto inicial.



Una vez matriculado en Cádiz comenzaría sus viajes hacia América, zarpando de Barcelona y haciendo escalas en Cádiz, Las Palmas, Santa Cruz de Tenerife, Santa Cruz de La Palma, San Juan de Puerto Rico, La Habana, Galveston y Nueva Orleans, ya en la costa estadounidense. Aunque la mayoría de sus pasajeros eran emigrantes de indiscutible condición humilde, el VALBANERA contaba con zonas de primera, segunda y tercera clase, y emigrante. En las distintas categorías se podía viajar acomodado en confortables camarotes de dos, cuatro, seis u ocho plazas con sus correspondientes servicios. Los emigrantes en cambio debían conformarse con una de las muchas literas colocadas en hilera en los entrepuentes de las bodegas a las que se accedía desde la toldilla bajando por unas incómodas escalas. Era así como se repartían los mil doscientos pasajeros, capacidad del trasatlántico.

 La Primera Guerra Mundial, lejos de lo que se podría imaginar, supuso tiempos de bonanza para las compañías navieras españolas debido a la neutralidad de su bandera, atractivo para todo aquel que necesitara transportar personas y mercancías por el Atlántico. Pinillos amasaría así una gran fortuna gracias a que sus barcos no eran atacados. Sólo es reseñable un mínimo incidente ocurrido a finales del verano de 1915, cuando el VALBANERA fue detenido por un barco de guerra británico que lo obligó a entrar en aguas de Gibraltar aduciendo algo sobre el transporte de contrabando. Una vez hechas las verificaciones correspondientes pudo continuar su viaje. Algunos años después, a finales de 1918, sería requisado por el Gobierno español para importar trigo a España desde Argentina. Empezaba aquí el declive de la brillantez que la Compañía había ganado durante la Gran Guerra.

 El viaje al Río de la Plata del VALBANERA fue un fideo más en la sopa de los malos tiempos para Pinillos. El final de la época de vacas gordas comenzó con la desgracia del trasatlántico PRINCIPE DE ASTURIAS. El cinco de marzo de 1916 -había sido botado en 1914- colisionó con una roca en Punta de Boi, cerca de Santos en la costa brasileña. Tras el impacto, sus calderas estallaron de inmediato hundiéndose velozmente acabando con la vida de 318 pasajeros y 107 tripulantes. Cuando aún no se habían apagado los ecos de tan impactante noticia, el cinco de diciembre del mismo año, la Compañía Pinillos vuelve a ser sacudida con un nuevo accidente, un temporal provocó el corrimiento de la carga del PÍO IX, hundiéndose a unas quinientas millas al norte de la isla canaria de Tenerife, falleciendo 40 de sus tripulantes. El golpe financiero recibido por la naviera fue brutal, a la que en nada ayudaban los insistentes rumores sobre la inseguridad de sus naves.
 La baja de los barcos siniestrados se hizo notar y fue quizá lo que provocó un nuevo escándalo colocando a Pinillos nuevamente en la diana donde iban a parar los dardos de la indignación popular. En julio de 1919 zarpa el VALBANERA de La Habana con rumbo a España con 1.600 pasajeros a bordo -su capacidad, recordemos, era de mil doscientos-; el hacinamiento, unas condiciones meteorológicas adversas y una alimentación insuficiente fueron detalles insignificantes al lado de la terrible compañera de viaje: la "Gripe Española".

 En 1918 se había propagado una pavorosa epidemia de gripe que aún al año siguiente seguía dando coletazos; se calcula veinte millones de muertos y unos mil millones de afectados en todo el mundo. Aunque el VALBANERA pasó cuarentena en La Habana, pensemos en las medidas higiénico-sanitarias de 1919.
 Durante aquella horrible travesía murieron treinta pasajeros según unas fuentes y siete según otras, aunque quizá esta última cifra se refiera a canarios que retornaban a su tierra. Después de catorce días de navegación, al hacer escala en Las Palmas de Gran Canaria, unos cien pasajeros tuvieron que ser hospitalizados. La prensa canaria de la época no ahorró epítetos para calificar la discutible conducta del capitán y de los dueños del barco. Estos últimos, que no pasaban por su mejor momento, no dudaron en despedir fulminantemente a aquel, seguido por el médico de a bordo.

 El 10 de agosto de 1919 zarpa el VALBANERA del puerto de Barcelona al mando de su flamante capitán, don Ramón Martín Cordero, de treinta y cuatro años de edad y ocho de servicio en la misma Compañía  - había sido capitán del BALMES -, siempre acompañado por su fiel mascota el perrito "Masti". Iniciaba así el VALBANERA el que pretendía ser una nueva travesía hacia el futuro, dejando atrás los dramáticos acontecimientos que había protagonizado involuntariamente. Craso error, los hilos del destino estaban urdiendo la trama del funesto desenlace.

 En ese viaje hizo escalas en Valencia, Málaga, Cádiz, Las Palmas de Gran Canaria, Santa Cruz de Tenerife y Santa Cruz de La Palma; en cada puerto embarcaron numerosos pasajeros, por tanto, cuando inició la ruta a través del Atlántico llevaba a bordo 1.142  pasajeros y 88 miembros de la tripulación. El día uno de septiembre llega a San Juan de Puerto Rico, el día cuatro atraca en Santiago de Cuba, allí desembarcan 742 afortunados pasajeros.

 Al zarpar rumbo a La Habana las previsiones meteorológicas no son buenas lo que obliga al capitán a requerir de la sala de máquinas la mayor velocidad posible, para llegar a destino antes de que se agrave la tormenta. Un vapor inglés fue el último que lo vio navegando, y lo hacía "a toda máquina".
 En pocas horas, los vientos huracanados y las lluvias torrenciales castigan la zona de un modo brutal. En el puerto de la Habana, los barcos amarrados son juguete de la tempestad; en medio de la tormenta, los pasajeros de uno de los buques allí atracados, el MONTEVIDEO, escuchan en aquella noche del nueve de septiembre de 1919, lo que les parece la sirena de un barco en un desesperado llamamiento al práctico, también utilizan el morse con una lámpara. La respuesta de los vigías es inflexible: desde última hora de la tarde el puerto se hallaba cerrado y el estado de la mar no permitía la salida de un práctico. Descorazonada, la nave viró con la intención de capear el temporal mar adentro, para probablemente aproarse al viento reinante. No hay certeza de que aquel vapor fuera el VALBANERA.

 Durante tres días las costas de Cuba son azotadas por un fortísimo huracán que destruye todo a su paso. El VALBANERA, que era esperado en La Habana el día nueve, no se divisa en el horizonte. Sin embargo, el día doce a la una de la madrugada la Estación Radiotelégrafica de Key West, una pequeña isla al sur de Florida también conocida como Cayo Hueso, recibe un mensaje en morse del VALBANERA, se interesa por si hay algún mensaje para él. Cuando diez minutos después le contestan, ya no hay respuesta. El día catorce comienza la movilización para la búsqueda del VALBANERA, barcos de la flota cubana y algunos de la Armada norteamericana peinaron toda la zona, es decir, el norte de Cuba y todas las islas e islotes de aquel área.

 Cinco días después, el diecinueve de septiembre, un cazasubmarinos de la Armada norteamericana, el US SC203, localizó algo sobresaliendo del agua en un lugar denominado Half Moon Shoal (El Banco de la Media Luna) a treinta y siete millas de Cabo Key, y a unas cien millas al norte de La Habana. Tras aproximarse con un bote, un buzo bajó a inspeccionar lo que ya se vislumbraba como un barco hundido, pero a muy poca profundidad, doce metros. Sus grandes dimensiones hicieron sospechar que se trataba del buque perdido, sospechas fundadas cuando, en el casco, pudieron leer claramente el nombre. Allí estaba el VALBANERA, posado sobre un fondo arenoso. El agua estaba completamente limpia, no se veía ningún resto flotando, y lo más sorprendentemente, tampoco se veía ningún cuerpo. El buzo comprobó que no faltaba ningún bote; tampoco había roturas visibles en el casco.

 Es de destacar que aquella es una zona con lecho arenas movedizas. Las arenas de origen coralino forman dunas en el fondo que son movidas por las corrientes marinas, esto las hace capaces de tragar y sepultar cualquier objeto que caiga en ellas.

 La ausencia de cadáveres hizo entrar al VALBANERA en el océano de la Leyenda; la sombra del misterio empezó a envolver al trasatlántico cuando comenzaron a surgir rumores de mala suerte, premoniciones e incógnitas. Pero lo más triste e irrespetuoso para los fallecidos y sus familias ha sido el nombre con el que se ha dado en llamar al lugar donde se encuentran los restos: TheWreck of the Whores (el Pecio de las Putas), porque, dicen, el barco, al ir lleno de mujeres seguramente de mala reputación, fue rechazado en el puerto de la Habana y de ahí su posterior desgracia. Otros lugareños, más fantásticos, le dieron el nombre The Ghostship of the Quicksands (El Buque Fantasma de las Arenas Movedizas).

 Muchas familias recibieron la noticia de la muerte de sus parientes, para más tarde enterarse que milagrosamente su ser querido había abandonado el barco a tiempo (recordemos que en Santiago de Cuba habían desembarcado 742 pasajeros). La  mayoría de las familias, sin embargo, se quedó sin ni siquiera un lugar donde llevar un ramo de flores, sin un lugar ante el que derramar una lágrima... Algunas iniciativas humanitarias organizaron colectas para remediar, en la medida de lo posible, a madres, esposas e hijos de las víctimas, muchos de los cuales quedaban en la miseria, es el caso de las de los tripulantes que, sin sueldo ni pensiones, se quedaban sin nada.

 Esta nueva desgracia para Pinillos Izquierdo y Compañía sería su final. Dos años después, la Compañía Transoceánica se haría cargo de la liquidación de la empresa. En 1923 reaparecería como Líneas Pinillos. Aunque atrás quedaba el bagaje de una gran etapa, el futuro les llevaría hasta las costas del siglo XXI, configurándose así la gran flota que hoy es.

 En la actualidad, el VALBANERA ha sido visitado por algunas expediciones submarinas que han corroborado el buen estado en el que se encuentra aunque está partido a la altura de la bodega de proa. A este buen estado contribuye seguramente el que en su momento fue calificado como Naufragio Histórico y fuese inscrito en el Registro Especial de Naufragios del Estado de Florida.

© Coral y Ramiro González