domingo, 2 de febrero de 2003

Caronia

Este clásico trasatlántico de la prestigiosa naviera Cunard Line, llegó a la isla en su primera visita  el día 30 de Octubre de 2000 a las ocho de la mañana procedente de Casablanca. Fue despachado para  Arrecife a las seis de la tarde del mismo día. Vino a la consignación de Hamilton y Cía., S.A., que representa en Canarias a la mayoría de los grandes  buques de turismo que hacen escala en las islas.
El “Caronia”, aunque navegó desde su botadura con el nombre de “Vistafjord” hasta que la Cunard decidió cambiar su nombre por el actual el 7 de Julio de este año, es un viejo conocido de Tenerife. Con matrícula de Oslo y propiedad de la Norwegian American Line,  hizo escala en la isla por primera vez  en viaje de turismo el diez de Octubre de 1979. 

Es un barco de líneas muy  armoniosas cuya superestructura, coronada por una solitaria chimenea, desciende gradualmente en terrazas hasta la popa. Mide 191,10 metros de eslora y desplaza 24.492 toneladas. En Mayo de 1983 fue adquirido por la Cunard junto con el  “Sagafjord” que era algo más antiguo y también conocido en Tenerife.  Conservó su nombre original, incluso al cambiar de propietario. Estuvo desde siempre ligado al puerto tanto bajo bandera noruega en sus comienzos, como bahameña durante los últimos años. La primera vez que estuvo en Tenerife con el nuevo pabellón de las islas Bahamas y contraseña de la Cunard fue el veintiuno de Abril de 1986.
 
Fue botado en Wallsend el quince de Mayo de 1972 en los astilleros Swan Hunter Shipbuilders, entrando en servicio en la línea regular Oslo-Nueva York el veintidós de Mayo del año siguiente de manera que la Norwegian American Line pudo retirar a la pareja “Oslofjord” de 1948 y “Bergensfjord” de 1956 de sus líneas de pasajeros con Norteamérica.

El transporte aéreo tampoco hizo una excepción con esta compañía la cual veía, impotente, como disminuía vertiginosamente su lista de pasajeros de las líneas regulares. Por suerte tanto el “Vistafjord” como su casi gemelo el “Sagafjord” habían sido diseñados con la vista puesta en los cruceros de turismo, por lo que ambos buques se dedicaron plenamente a esta actividad sin necesidad de sufrir alteraciones en su acomodación.  

Bajo el nombre de “Caronia” y abanderado en Gran Bretaña, sus actuales propietarios intentan rememorar los viejos fastos que hicieron famosa a la Cunard Line cuando era la dueña y señora del Atlántico Norte, la principal entre todas las rutas  marítimas. Se vuelve al casco gris marengo casi negro, separado de la obra viva de color rojo oscuro por una estrecha banda blanca. La chimenea mantiene el característico naranja intenso con tope y aros negros. La única excepción a la regla es que el mástil conserva el color blanco en vez de utilizar el color mostaza tradicional.

Aunque ha sido remozado en varias ocasiones, a comienzos de 1999 sufrió una remodelación interior que le convirtió en un barco nuevo. Las blandas moquetas, las valiosas maderas y los mullidos sillones le han devuelto el ambiente “old fashion” que buscan intencionadamente sus armadores para, de esta forma, contentar a una clase de turismo que paga por revivir  un viaje por mar al estilo de los  años cincuenta.

Viaja en este crucero con 732 pasajeros alojados en 376 camarotes, once suites de lujo  y dos supersuites que cuentan con cubierta de sol privada. La tripulación es de 400 personas e incluye un equipo de cocineros franceses e italianos que atienden  los respectivos restaurantes especializados de a bordo.   

El viejo “Caronia”


Fue el primer trasatlántico encargado por la Cunard Line dedicado tanto a los viajes regulares como a los  viajes de turismo. Anteriormente la compañía había utilizado a sus buques de línea para esta última actividad y muchos estuvieron en Tenerife:  “Franconia”, “Carinthia”, “Ivernia”, “Carmania”, “Sylvania”, “Mauretania”, etc.,.  Por desgracia,  nunca tuvimos ocasión de contemplar en Tenerife a los célebres  “Queens” que efectuaron varios cruceros antes de su retirada definitiva, ni por supuesto al “Caronia”.

Este gran barco de 34.172 toneladas y 217,90  metros de eslora, fue bautizado el 30 de Octubre de 1947 por la entonces Princesa Isabel en las gradas de los astilleros escoceses John Brown & Co. de Clydebank. Tenía capacidad para 830 pasajeros en dos clases y una dotación de 600 tripulantes. Entró en servicio en Enero de 1949 y casi de inmediato empezó a realizar viajes de turismo como estaba previsto, aunque fuera de temporada participaba también en la ruta trasatlántica junto a sus veteranos compañeros de flota.

Por alguna razón que se desconoce, la Cunard decidió  utilizar tres tonos de verde pálido para el casco, la superestructura y el altísimo trípode que constituía su único mástil. Estaba rematado por una enorme chimenea elíptica de corte clásico que lucía los colores negro y naranja de la compañía. Tuvo una acogida más que aceptable sobre todo entre los pasajeros norteamericanos y británicos. Pese a su clasificación como buque de cruceros, la enormidad  de sus salones, lo elevado  de sus techos y la utilización de más de veinte clases de valiosas maderas en su decoración, reproducían la atmósfera y la elegancia  de los “Queens” y del “Mauretania”, más que el ambiente de vacaciones de cualquier buque de turismo.

Cuando la Cunard decidió que los gemelos “Franconia” y “Carmania” se dedicaran exclusivamente a realizar cruceros, el “Caronia” fue amarrado a principios de 1968  a causa de sus elevados costes de manutención. En Julio de ese año lo adquirió la Universal Line de Panamá  que lo rebautizó “Caribia” y lo envió a reparar a la bahía de Eleusis en Grecia donde pasó casi seis meses. A causa de varios problemas en sus calderas, navegó sólo hasta Marzo de 1969 por lo que su nuevo propietario decidió amarrarlo en Nueva York puesto que repararlo otra vez podría ser ruinoso. Allí permaneció inactivo hasta que en Enero de 1974 fue vendido a una empresa de demolición naval en Taiwán.

A remolque del “Hamburg”, abandonó Nueva York en Abril de ese año, en ruta hacia el puerto de  Kaohsiung, donde los chatarreros se encargarían de desguazarlo. Casi a mitad de camino, el remolcador alemán  y el buque remolcado, intentaron buscar reparo a la furia de un tifón en la isla de Guam, pero debido a la fuerza de la tormenta y ante el peligro de naufragar, el capitán del “Hamburg” tuvo que dar la orden de picar el remolque y el “Caribia”, a la deriva, fue arrastrado hasta el rompeolas del puerto de Apra donde se partió en tres pedazos. La sección de proa mantuvo bloqueada la entrada del puerto durante algún tiempo hasta que las autoridades locales ordenaron demolerlo “in situ”. Así terminó su vida marinera este hermoso trasatlántico, protagonista  junto con su homónimo y digno sucesor - que hoy nos visita por primera vez -  de nuestra crónica. 




© José Luis Torregrosa.